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'Las Malvinas', años 80, ni paraíso, ni infierno

J. Monroy
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Los vecinos recuerdan una urbanización surgida de la nada con muchos problemas al principio, que se fueron solventando con la ayuda de todos. «No había más droga que en otras zonas de Toledo», apuntan, pero sí ratas y mucha suciedad

‘Las Malvinas’, años 80, ni paraíso, ni infierno

Tratar la historia de la barriada del Polígono conocida como 'Las Malvinas' siempre es un asunto delicado. En cuarenta años, los vecinos problemáticos se han muerto por la droga o se han trasladado, mientras que el resto, una mayoría, se pueden sentir dolidos cuando se recuerdan episodios como el asesinato de Javi en un bar, la pederastia que se destapó en el colegio o los casos de drogadicción que, como en otras zonas de Toledo, se daban en los años ochenta.

Sin duda que buena cuenta de ello se ha dado Edgar Martín-Blas, toledano que recientemente ha contado sus experiencias infantiles en 'Las Malvinas' en un capítulo de su libro 'Metaverso'. Su experiencia, e intenta explicarlo en positivo, es la de una vivienda en la que en 1982 entraban las ratas por la noche, con drogadictos en los soportales, basura y descampados. Todo ello le ha llevado a perder el miedo en la vida y a utilizar la gran imaginación con la que se evadía de niño para desarrollar el metaverso. Esta pequeña parte de su historia ha suscitado mucho enfado en parte del barrio. La calle y las redes lo han criticado mucho, porque esta imagen está muy lejos de la del Polígono actual y de parte de otros bloques de hace cuatro décadas. Pero también ha habido voces que se han alzado en su defensa, «eso era así, y  más».

Pero ¿cómo fueron 'Las Malvinas' durante los ochenta? Realmente fue una barriada pobre y sí, existió droga. Pero hay que tener en cuenta, recuerda Emiliano García, expresidente de la Asociación de Vecinos El Tajo, que entre 826 viviendas, se podía sumar una población de 3.500 habitantes, «lo que era mayor que la del ochenta por ciento de pueblos de la provincia». «En 'Las Malvinas' ha habido cosas, pero como en todos los sitios, y fueron viviendas muy dignas, como las del resto del barrio, de acuerdo con el momento en el que se vivía», apunta. Todo eso no quiere decir que fuera una zona idílica.

‘Las Malvinas’, años 80, ni paraíso, ni infierno‘Las Malvinas’, años 80, ni paraíso, ni infierno - Foto: Yolanda Lancha'Las Malvinas' son cinco manzanas de pisos de cinco alturas que comenzaron a construirse sobre 1980 por el Instituto para la Promoción Pública de la Vivienda (IPPV) del Gobierno central de la UCD. Un año después llegaron los primeros vecinos, y se inauguró la urbanización en 1982, el año de la visita de Juan Pablo II al barrio. También fue el año del Mundial fútbol de España y de la guerra de Las Malvinas, entre Argentina y Reino Unido. Dada la costumbre toledana de tomar el nombre de conflictos a algunos barrios, su mote estaba cantado.

José Manuel Duarte y Jesús Fernández fueron los encargados de vigilar el proceso de construcción de esta barriada desde la Asociación de Vecinos, desde que comenzó la obra hasta después de la entrega de viviendas. Ayudaron a arreglar los papeles a muchos vecinos para poder irse a vivir allí. Recuerda el primero que el proceso era ajeno a la Junta y fue cuando ya se habitaron las viviendas cuando comenzó a gestionarlas en Ayuntamiento, que pidió a la Asociación que se apartara y «en un principio, fue un desastre, lo que pasa es que había muchísima gente buena, que ayudó todo lo que pudo, y conseguimos que aquello se pusiera medio en orden».

Una experiencia. Uno de esos vecinos que llegó en 1982 a 'Las Malvinas' procedente del Casco fue José Luis Medina, para quien «aquello no fue un paraíso, pero tampoco un infierno, he vivido allí más de veinte años y la vedad es que lo positivo supera a lo negativo». Es cierto que allí pasaron cosas desagradables, «pero mientras que yo no dejaba salir a mi hijo a jugar a la calle en la plaza de la Paja, lo más céntrico de Madrid, aquí en 'Las Malvinas' estaba todo el día jugando». Como en toda España, en los ochenta había drogadictos, pero se quedaban en sus espacios «y no se metían con la gente, muchos eran conocidos, si acaso te pedían algo, pero no eran agresivos». De hecho, entiende este vecino que en 'Las Malvinas' ha sido más problema de fumeteo que de heroína, «y yo he visto más yonquis en otros sitios del Polígono y, sobre todo, en determinadas zonas de Toledo».

‘Las Malvinas’, años 80, ni paraíso, ni infierno‘Las Malvinas’, años 80, ni paraíso, ni infiernoMedina entiende que, de la noche a la mañana, se pusieron en el Polígono 826 nuevas viviendas, con 3.500 vecinos desconocidos entre sí, con problemas iniciales en las viviendas, en una zona fronteriza, donde más allá solo había descampados y lo desconocido, «y mucha gente imaginaba cosas que no era». Quizás de ahí venga la mala fama del barrio, «por el miedo a lo desconocido». Pero aún con esa población, «no ha pasado nada especialmente grave a parte de dos casos puntuales».

Por que lo que él recuerda, fue «un milagro de colaboración vecinal y de convivencia» que ayudó a levantar unos primeros años un tanto desastrosos. En 1982 «fuimos a vivir allí gente de toda condición social y oficios, gente de Standard, músicos, policías y gente sin oficio».

Al principio, no funcionaban los ascensores, había escombros en los patios y las calles estaban llenas de basura. Las calefacciones no funcionaban y estallaban en invierno con el frío. De forma que los vecinos se organizaron en batallones, grupos de gente que limpiaban los patios por zonas. Se crearon las comunidades, desde las de escaleras, a las de bloques, a la general, «nos mancomunamos para tratar de arreglar entre todos lo que pudiéramos y llevar a la administración los problemas». Consiguieron incluso que el IPPV les subvencionara los cambios de suelos y colocara aluminios en las ventanas y las terrazas de las cocinas y los tendederos, para evitar la congelación de las calefacciones.

‘Las Malvinas’, años 80, ni paraíso, ni infierno‘Las Malvinas’, años 80, ni paraíso, ni infiernoMedina recuerda que entonces, «la convivencia no era mala, había algún garbanzo negro, como en todos sitios». Cierto es que había morosos, pero no había los conflictos que más tarde se han dado en otras promociones del Polígono. Y, sí, en el interior de los bloques había bichos, pero sobre todo eran cucarachas. Dependía también de cada bloque. Duarte apunta que hace cuarenta años «claro que había ratas, como caballos, pero no solamente en 'Las Malvinas', las había por todas las escombreras y hasta por la carretera».

Medina también recuerda que el colegio a la postre tuvo muy mala fama por un problema puntual de pederastia que se hizo público a nivel nacional. Pero en lo positivo, «ha tenido una de las asociaciones de padres más potentes». Muchos progenitores colaboraban con el centro. Y a la postre el colegio funcionó muy bien y de allí salieron políticos, sindicalistas o abogados, «el que quiso estudiar y pudo, salió».

Luego es normal que cada vecino de la época lo recuerde de una manera. En algunos portales no había problemas o solo había una o dos familias problemáticas, que con mucha paciencia los demás vecinos fueron reconduciendo. «Pero en los portales en los que cayeron tres o cuatro los decentes se tuvieron que ir, como se fueron los de las 48 y se están yendo ahora de Río Yedra o 'El Parchís'», apunta Duarte. Sería coincidencia, pero los bloques con menos problemas eran los dos más cercanos al Casco. Junto al campo de fútbol. Después había portales completamente normales, «que tenían los vecinos cerrados a cal y canto, con puertas con rejas, y también sus plantitas, para que se notara que los que vivían allí eran decentes».

‘Las Malvinas’, años 80, ni paraíso, ni infierno‘Las Malvinas’, años 80, ni paraíso, ni infiernoUrbanísticamente hablando, en aquellos años ochenta el paseo del Poeta Gómez Manrique tenía lo que hubiera podido ser un bonito canal, «una fuente maravillosa con tres surtidores», recuerda Duarte. A los cuatro o cinco días de su inauguración «estaba llena de bolsas de basura, con los niños metidos entre medias de la mierda y con ratas». Emiliano García se pregunta la razón por la que el Ayuntamiento, responsable por aquel entonces, no lo mantenía. «Era una cosa bien hecha, solamente que como había una pequeña inclinación, habría sido necesario un pequeño motor para que recirculara el agua y un par de días a la semana que una persona lo mantuviese. Porque era una zona agradable y de frescor». A su juicio, alguien engañó a los vecinos para que finalmente aceptaran que se quitara, «pero 826 viviendas, con sus contribuciones, se merecían una instalación como ese canal, con mantenimiento». Seguro que no era más costoso, apunta, que la fuente del paseo de Merchán.

Normalización. Cuarenta años después, 'Las Malvinas' es una barriada totalmente normal. En el recuerdo de unos pocos quedan ya los problemas con la droga o la suciedad. Explica Duarte que de las familias problemáticas, muchos se murieron, precisamente por la droga,  otros se han ido. Primero comenzó a solventarse el problema de salud pública, como en toda España. Después llegó el boom inmobiliario, que facilitó que muchas familias de la zona vendieran su piso y pudiera trasladarse a otras zonas. El Ayuntamiento también ha puesto de su parte en la recuperación urbanística.

Medina también volvió al Casco por cuestiones familiares, pero en su casa se quedó su hijo, «encantado» y allí crió a su vez a sus hijos. Ahora cuando él va a 'Las Malvinas', le gusta pasear y saludar a algunos de sus antiguos vecinos; «para mí es un placer dar un paseo, si voy con prisa no me puedo pasar, porque me voy a entretener demasiado». Sigue viendo buena gente, incluso vecinos que, a pesar de haber prosperado económicamente, allí continúan. Se siente muy a gusto en 'Las Malvinas'.