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Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


OTAN sí, bases grandes

02/07/2022

Desde 1986, año del referéndum sobre la permanencia en la OTAN, cayó el muro de Berlín, se deshizo el Pacto de Varsovia, Rusia ha pasado de ser un país con el que mantener relaciones privilegiadas a ser de nuevo un oso peligroso y la OTAN tuvo un periodo transitorio de muerte cerebral, mientras que las bases de utilización conjunta con Estados Unidos situadas en territorio español han pasado de denostadas a desempeñar un papel clave en el escudo antimisiles de la OTAN, y a que los vecinos de sus instalaciones las vean como un maná laboral. La cumbre de la Alianza Atlántica en Madrid ha hecho que se pase de la OTAN No, bases fuera, a un OTAN, Sí y bases cuanto más grandes mejor porque dan trabajo, contribuyen a la seguridad europea y son un mal menor mientras no se desate la hecatombe nuclear mundial.    

España hasta ahora ha sido remolona a la hora de gastar en Defensa y nada ha sido más lógico, porque resulta que si el gasto militar ha sido bajo respecto al PIB y la envergadura de la economía nacional, también el gasto ha sido menor en muchos otros capítulos sociales en relación con los países de nuestro entorno. Cuestión de prioridades y de atender a lo que importa a la gente.  

La cumbre de la OTAN, tras la guerra de Putin, puede alterar la percepción sobre la inversión en materia militar, pero pasados los fastos, y cuando es preciso gestionar el día a día, los compromisos entran en periodo de estudio y es preciso volver a recomponer el orden de prioridades y más en una situación provocada –no solo- por la guerra, que va más allá de sus aspectos militares, con una inflación por encima de la media. 

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha pedido a sus socios de gobierno de Unidas Podemos una reflexión sobre la necesidad de que apoyen la subida del gasto de Defensa hasta el dos por ciento en 2029, y lo mismo a los partidos de la derecha. La reflexión ya está hecha y las decisiones tomadas. El PP, atlantista convencido tratará de ahondar en las contradicciones del Gobierno -nadie se quejó de la presencia de ministros comunistas en el Gobierno de España, y cómo cumpla Sánchez sus acuerdos es una cuestión de política interna- para apoyar todo lo que sea contentar a sus socios conservadores. Es más, según sus planes será quien tenga que gestionar el compromiso de Sánchez –ya adquirido por Mariano Rajoy- en sucesivos presupuestos. A Unidas Podemos el incremento del gasto militar le da cualquier campaña electoral medio hecha. Solo tiene que decir no y preguntar de qué partida se van a detraer los fondos dedicados a armamento, para poner en cuestión la aprobación de los PGE.  

Sin embargo, quizá no sea Sánchez quién se vea en la tesitura de aumentar el gasto en Defensa. Aprobar presupuestos en año electoral, con el fraccionamiento actual del Congreso, es un empeño que va a tropezar con numerosos obstáculos, de los que el incremento del gasto en Defensa será uno más. Aunque sería un despropósito que con los problemas acuciantes por resolver se dejara pasar la oportunidad de actualizar las cuentas públicas. El PSOE se va a ver una vez más cogido entre dos aguas, entre el sentido de Estado que le obliga a cumplir con los pactos internacionales y los argumentos más o menos fáciles que rechazan el gasto militar.