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Fernando Jáuregui

TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Sí, yo también estaba por el 'no' a la OTAN

27/06/2022

A veces, en este país nuestro, da la impresión de que los últimos cuarenta años no han ocurrido. Que se celebre una manifestación por el 'No a la OTAN' me trae muchos recuerdos: yo también estaba en contra de la Alianza Atlántica, de los Estados Unidos y pensaba que la palabra 'socialdemócrata' era un insulto para un 'rojo'. Pero, claro, han pasado cuarenta años, el muro de Berlín cayó en 1989 -y cambió el mundo- y la propia esencia de los partidos comunistas, los que quedan, ha evolucionado. Se diría que el PC español, dirigido por Enrique Santiago, es, en algunas cosas, una excepción. Lo curioso es que el señor Santiago, que tiene perfecto derecho a su coherencia de pensamiento, independientemente de que nos parezca más o menos moderno, es secretario de Estado del Gobierno de España. Un Gobierno que es el mismo que prepara con mimo la 'cumbre' atlantista de esta semana en Madrid, la más importante de la OTAN desde hace tres décadas.

Enrique Santiago, secretario general del Partido Comunista de España, es el 'número dos' del Ministerio que regenta Ione Belarra, un Departamento que no toca cuestiones esenciales de la marcha del Estado pero que provoca no pocos quebraderos de cabeza a sus 'mayores' del PSOE. Y si cierto es que otras 'cumbres' atlánticas en otros puntos del mundo también suscitaron protestas del 'No a la OTAN' en sus calles, no menos verdad es que entonces no se estaba dando la cruel invasión de Ucrania por Rusia, ni teníamos a Putin tratando de reconstruir su particular pacto de Varsovia, que hoy sería el pacto de Moscú. Ni había tantas referencias como ahora, incluyendo las del Papa, a los riesgos de una guerra mundial, aunque 'solamente' sea cibernética. Ni, por supuesto, los del 'no a la OTAN' formaban parte del Gobierno anfitrión de la 'cumbre'.

Cuando yo, y tantos, estábamos por el 'OTAN, de entrada NO' el mundo era, en suma, distinto. Y España, muy distinta. ¿Cómo pensar que aquel Gobierno de Felipe González, que dio la vuelta a la opinión de los socialistas sobre la pertenencia del país a la Alianza Atlántica -con la ayuda, por cierto de la 'tele' que entonces dirigía el padre de Nadia Calviño-- podría haber albergado, ya entonces, a ministros del PCE de Santiago Carrillo o de Julio Anguita? Y los problemas del planeta nada tenían que ver con los actuales: ahí está ese anuncio de migraciones masivas que nos llegarán este otoño -ya han empezado a llegar, ay, con imágenes trágicas-- impulsadas por la hambruna derivada no solo de la guerra en Ucrania. Y ese, que es vital para España, será, presumiblemente, uno de los muchos 'temas calientes' a tratar en la 'cumbre' atlántica de Madrid.

En estas condiciones, me parece insostenible mantener en el Gobierno un núcleo hostil a las grandes decisiones de Estado, desde los alineamientos internacionales hasta la forma del propio Estado, pasando por la distribución de la economía o hasta por la nueva normativa en Sanidad, por poner apenas unos ejemplos. Creo que la misión de la izquierda a la izquierda del PSOE es presionar por medidas más 'sociales'; incluso volver a la ortodoxia de ciertas concepciones marxistas, si se quiere. Pero desde fuera del Gobierno que dice (casi siempre) cosas por completo diferentes, no desde dentro. La situación actual propicia la incomprensión de los ciudadanos acerca de lo que hace el Gobierno.

Y me refiero también a las decisiones 'beneficiosas' para esa ciudadanía, como ha ocurrido con las medidas para paliar la crisis anunciadas este sábado por Pedro Sánchez tras el Consejo de Ministros extraordinario para aprobar remedios, aun temporales, para combatir el alza de la inflación, insostenible para muchas familias. El empeño de Podemos en mostrar que presiona para que los beneficios de tales medidas sean más amplios de lo que proponen los ministros 'económicos' sanchistas causa confusión. Y, de alguna manera, limita el triunfalismo del Gobierno 'sector Sánchez' a la hora de anunciar lo que hace en beneficio de 'las clases medias trabajadoras', como dijo el inquilino de La Moncloa.

No, de la OTAN no se habló en la rueda de prensa del presidente, que quería, ante todo, 'vender' sus medidas. Pero el tema de las continuas desavenencias con los 'socios' de Podemos estaba ahí; por más que Sánchez asegure sentirse muy satisfecho con el trabajo de todos sus 'ministros y ministras', qué duda cabe de que la existencia de 'dos almas' en un mismo Ejecutivo resulta cada día más incomprensible. Son dos proyectos distintos y cada día más distantes.

Puede que muchos de los mandatarios que pueblen esta semana Madrid, convertida en la ciudad más incómoda del mundo, no lleguen a enterarse cabalmente de que el Gobierno que preside un sonriente y abrazador Sánchez es bifronte, tiene dos caras, y que Sánchez adopta una u otra según conviene. Pero sí nos estamos enterando 'los de dentro': usted, y yo, que de aquel 'no a la OTAN' he pasado a dar la bienvenida a Joe Biden, encantado de que esté en mi ciudad y hasta de que abrace al presidente de mi Gobierno. Puede que yo haya cambiado, claro, pero lo que de verdad ha cambiado es todo lo demás: cuarenta años nos contemplan. Y, además, ahí tenemos al tal Putin, que acapara tantas pesadillas. No, no está la cosa para manifestaciones anti atlantistas, en mi opinión.