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Pablo Morillo, una vida de novela y su sable «que todo lo vio»

Germán Dueñas Beraiz
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Héroe, militar, patriota y masón, luchó contra los franceses y los ingleses, llamó la atención del segundo del general Wellington y logró pacificar Venezuela y Colombia. Uno de sus sables se conserva en Toledo, con particulares grabados en su hoja

Pablo Morillo, una vida de novela y su sable «que todo lo vio»

Las piezas de los Museos, y en especial las armas históricas, cuentan muchas historias reflejadas en su propia estructura, que a veces completan o reafirman datos existentes en otras fuentes. Este es el caso del sable de oficial de caballería del Mariscal de Campo don Pablo Morillo. A muchos este nombre no les dirá nada, pero cuando lean una parte ínfima de su historia seguramente les sorprenderá. Nacido en un pueblo de Zamora, inició sus estudios en Salamanca, abandonándolos para ingresar en la Armada en 1791, donde sirvió varios años como sargento. Combatiendo por ejemplo contra Francia, en el asedio de Tolón, y después a los ingleses, en la Batalla del Cabo de San Vicente o en Trafalgar a bordo del San Ildefonso. Con la invasión napoleónica ingresó en el ejército de Tierra donde hizo rápidamente carrera llegando a participar activamente, ya como oficial, en Bailén, Extremadura y Galicia, donde como Coronel venció a los franceses en la batalla de Puentesampayo. Concretamente al frente de un Regimiento creado por él, de la Unión. Continuó destacando en el transcurso de la guerra hasta llamar la atención del segundo de Wellington, quien ya como Brigadier lo incorporó al mando de las tropas británicas destinadas en España. Y donde continuó con su brillante carrera aprendiendo y adquiriendo experiencia. Participó en la decisiva batalla de Vitoria, donde lideró los ataques contra las posiciones francesas, y penetró acompañando a Wellington, en territorio  francés hasta la rendición de las tropas napoleónicas, ya como Mariscal de Campo.

Aquí comenzaría su aventura americana de cinco años, en la que como máxima autoridad militar en la zona, y al frente de un ejército peninsular expedicionario combatió y logró pacificar Venezuela y Colombia derrotando al mismo Simón Bolivar, y consiguiendo humanizar la  guerra «a muerte» proclamada por los insurrectos. A su vuelta a España en 1820 sería nombrado Capitán General de Galicia durante el Trienio Liberal, siendo posteriormente fue purgado por Fernando VII. Aunque en atención a sus méritos, se le nombró Capitán General de Castilla-La Mancha. Cargo al que renunció aduciendo su delicada salud, provocada por las múltiples heridas recibidas, y pasando a residir a Francia. De donde regresó al poco tiempo para volver a ejercer de Capitán General en Galicia en 1830. Llegando incluso a participar brevemente en la primera Guerra carlista, hasta su retiro y muerte en Francia a los 62 años. Una vida llena de aventuras, batallas y heridas, por tierra y por mar, en dos continentes y varias guerras. Todo ello le valieron las máximas condecoraciones de la época y los títulos de I Conde de Cartagena y I Marqués de la Puerta.

Y parte de estas historias y otras que no suelen aparecer en la biografía del personaje, están reflejadas en uno de sus sables conservado en el Museo del Ejército. Este es una pieza de capricho basado en un modelo reglamentario el 1825 de caballería ligera para oficial, pero como solía suceder en las armas de altos oficiales personalizado y mejorado reflejando la importancia y relevancia del portador. Tiene una empuñadura de bronce con tres gavilanes y guardamano, con una pequeña cazoleta en forma de sol radiante cerrando la guarnición. Mientras que monta una poderosa hoja curva de caballería con un filo al exterior hasta la punta, con un ancho vaceo central. El conjunto se completa con su vaina de cuero con brocal, contera y zuncho central metálico bellamente trabajado. En la base de la hoja aparecen estilizadas tres letras cursivas  S&K , que podrían responder a las iniciales de la casa armera alemana Schnitzler & Kirchbaum de Solingen.

Los dos primeros tercios de la hoja están decoradas por ambas caras con motivos vegetales grabados al aguafuerte. Entre ellos aparecen otros motivos, que cuentan parte de la historia de su propietario. En primer lugar aparece el escudo imperial español, como defensor que fue en varias ocasiones de la monarquía española como vimos antes; motivos militares, lanzas, estandartes y cañones, aludiendo a la jefatura del ejército que ostentó su propietario; o un sable de caballería símbolo del generalato. Pero en la hoja también aparece otro símbolo que expresa parte de su personalidad e ideología personal: un ojo estilizado del que salen lineas sinuosas representando rayos solares. Este símbolo relacionado con la masonería, parece vincularlo con las sospechas que existen sobre su pertenencia a logias masónicas, que le llevó incluso a ser investigado por el Tribunal de la Inquisición. Héroe, militar, patriota y masón, todo ello representado en su sable, que entró en las colecciones del Museo del Ejército en 1864 de manos de su hijo Aníbal Morillo. Quien consideraba había sido utilizado por su padre durante la Guerra de Independencia, y sobre todo durante su participación en la emancipación de Venezuela, y más concretamente en la acción de la Puerta en la que fue gravemente herido por un lanzazo en la pierna.