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Jesús Morales

Nada particular

Jesús Morales


Y lo que perderá

12/07/2022

La semana pasada escribía una columna sin entrar en profundidades lo primero que me venía a la cabeza de las pérdidas dramáticas en Talavera; cuando Miguel Méndez la leyó me mandó un mensaje en el que decía con su aguda ironía, que era tanto lo perdido que harían falta varios tomos para describir semejantes dislates y número de desapariciones a lo largo de los siglos. Considero a Miguel el mejor conocedor de Talavera y consiguientemente de las mermas que ha sufrido y sigue sufriendo, al parecer sin remedio. Comprenderán que para tal propósito,  recordar lo perdido, una columna de  prensa es muy corto espacio, da igual, es mi obligación y en eso estoy.
Hace algunos años hice un reportaje sobre una asociación -por desgracia no me acuerdo del nombre- empeñada en salvar de la extinción una raza de ovejas, la raza  talaverana. Creo que era gente que sabía lo que hacía y estaba  suficientemente preparada para el propósito que querían conseguir, un grupo de ganaderos, veterinarios y demás concernidos en ese propósito, que no desapareciera la oveja talaverana. No me quiero poner victimista si digo que para su desgracia la oveja talaverana tiene -o tenía- si no ha dejado de existir ya, cosa que ignoro, un problema insalvable: su apellido, es más que improbable que algo con el apellido 'talaverano' ya sea una raza de ovejas, una barra de pan o hasta un tipo de cerámica, se aprecie, sobre todo por quienes dirigen el cotarro en esta autonomía.  Así de penoso, así de sinsentido, así de duro. La cerámica talaverana ha sido declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, como siempre los de fuera han tenido que hacer algo por una artesanía que,  a pesar de su categoría planetaria, aquí  pasa sin pena ni gloria por más que Tomás Alía se deje la piel en el empeño de promocionarla por el mundo; los alfares y negocios de cerámica que deberían estar mimados, viven una existencia discreta base de esfuerzos a veces penosos y es lo mejor que se puede decir.
Escribí que una de las señas desaparecidas de mayor calado ha sido la del río, pero no menor que él seguramente fue la indigna evaporación del Mercado Nacional. En el momento presente la asociación llamada Ateneo de Talavera quiere recuperar otra vez el mercado; si lo recuerdan quienes perpetraron la perversión de cargarse la institución de más de setecientos años, lo hicieron mintiéndonos indecentemente con el señuelo de que en su lugar se instalaría una fábrica de lácteos. Me tienen que volver a disculpar por la autocita pero entonces escribí que cuando comiera el primer yogur salido de tal fábrica, llenaría el envase del yogur de oro y lo entregaría al autor o autores de la insensatez. ¿no fue un tal Ramos?

«Los alfares y negocios de cerámica que deberían estar mimados, viven una existencia discreta»