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«Toledo es una Pasión que llevo con orgullo a todas partes»

J. Monroy
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Inés Gárate llegó a Toledo para dos años y lleva ya medio siglo dejando su huella en Toledo y en algo tan toledano como el obrador de Santo Tomé

«Toledo es una Pasión que llevo con orgullo a todas partes»

Cuando hace medio siglo Inés Gárate llegó a Toledo pensó que venía por dos años. Inés desembarcó en la ciudad por amor, casada con Juan Ignacio de Mesa, y aquí ha encontrado más cosas que amar, al propio Toledo, y como no podía ser de otra manera, el mazapán. Han sido muchos años, hasta que se jubiló nada menos que con setenta, como gerente del obrador más significativo de Toledo, en los que casi siempre además ha estado en primera línea, junto a Juan Ignacio durante sus actuaciones como presidente de Fedeto, alcalde de la ciudad o en la Real Fundación Toledo, pero sobre todo dejando una importante huella en la ciudad y en instituciones como la Cámara de Comercio.

Porque aunque nació en la localidad burgalesa de Salas de Infantes, hoy Inés es toledana, «como me enseñó mi padre, uno es de donde pace, sin olvidar sus orígenes, claro». Gárate hoy es tan toledana como la que más. De hecho, ayer, con motivo de la celebración de San Ildefonso, recibía el título de Ciudadana de Honor «lo que para mí supone muchísimo, es hacerme parte de una ciudad que para mí es una pasión, donde llevo cincuenta años viviendo y a la que es un orgullo llevar por todas partes». Además, no olvida que este honor es por unanimidad, por lo que, satisfecha, se muestra muy agradecida a la propia ciudad y su Corporación. Esto ahora es una responsabilidad y le llena, reitera una y otra vez, de gratitud.

Tratará de transmitir el calor que ella ha recibido en Toledo. «Porque cuando hablan de la frialdad de Toledo yo bromeo diciendo que será que la Inquisición les dio mucho a los pobres y en los genes se transmite, pero cuando Toledo te engancha, te engancha, es una ciudad a la que se llega llorando y de la que se sale llorando, pero en la que te quedas», explica.

Un obrador que crece. Cuando hace más de cincuenta años,  llegó Gárate a Toledo, ya estaba funcionando el obrador de Santo Tomé. Lo hace, recuerda, de forma ininterrumpida, sin cambiar de nombre, ni de dueños, desde 1856. Tan solo ha parado durante la pandemia, ni siquiera durante la Guerra. Eso sí, Inés y Juan Ignacio lo han hecho crecer y lo han convertido en una referencia. «Lo que nosotros pensamos es que es un legado que recibimos y que debemos preservar y saber pasar, con responsabilidad y con trabajo», explica ella.

Un obrador, recuerda Gárate, que comenzó como tahona con Eleuterio Pérez en 1736, tal y como Javier Malagón descubrió gracias a los documentos aportados por Julio Porres. Aunque como no hay constancia de continuidad, desde Santo Tomé apuntan el origen seguro de 1856.

Ahora es la séptima generación, por línea hereditaria, la que lleva el obrador. Aunque Inés Gárate, jubilada ya, confiesa que se pasa por allí casi a diario. El que el matrimonio se haya trasladado a vivir al Casco histórico, sin abandonar su cigarral, también tendrá mucho que ver con ello.