Editorial

A Putin se le abre un frente por el flanco que más seguro creyó tener

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La invasión de Ucrania ha dado un giro inesperado que puede hacer cambiar el desenlace de unos hechos que parecían tener un final escrito. La resistencia ha lanzado una contraofensiva y comienza a recuperar terreno y localidades en Jarkov. Es más, las tropas de Zelenski ya miran hacia el Donbás. Por su parte, el Ejército de Vladimir Putin solicita con urgencia la llegada de armas ante la imposibilidad de defender las posiciones rendidas semanas atrás.

A este giro de los acontecimientos se une que en el interior de Rusia, donde 44 millones de ciudadanos estaban llamados a las urnas este fin de semana, casi un centenar de concejales han pedido la dimisión inmediata del líder ruso por su incompetencia. Ediles de Moscú, San Petersburgo y Kolpino firman un manifiesto de repudia a Putin en el que «los diputados municipales de Rusia», creen «que las acciones del presidente Vladímir Putin dañan el futuro de Rusia y sus ciudadanos», causa por la que exigen la renuncia al cargo del presidente de la Federación Rusa. La petición es pública y se puede firmar a través de internet.

En este contexto, el jerarca ruso puede comenzar a sentir cómo se cuestiona su poder, y eso puede constituir un gran problema si se tiene en cuenta que Moscú sigue amenazando con desempolvar el botón nuclear. Los frentes se multiplican fuera y dentro de las fronteras rusas y una situación parecida dio al traste con las aspiraciones imperialistas de cuantos precedieron a Putin en el discutible arte de perseguir un imperio irreal.

Lo que iba a ser una operación relámpago por parte de las tropas rusas se enquistó y ya dura siete meses y arrastra una importante pérdida de efectivos y un coste incalculable. El tiempo juega en contra del sátrapa, que ve cómo pasan los días y no se consiguen los objetivos fijados al principio. Las voces críticas comienzan a surgir entre la población, mientras que los países de Occidente mantienen su apoyo a Ucrania en todos los frentes posibles y perpetúan una unidad de la que Rusia ya no puede hacer gala.

La economía rusa, que ya llegó dañada al conflicto por la crisis mundial que sembró la COVID y las dificultades de Putin para relanzar un sistema que mira más hacia atrás que hacia adelante, se ve cada día más dañada, y eso enciende las alarmas acerca del próximo movimiento del régimen ruso. Por que en Ucrania no está en juego únicamente la integridad territorial de un estado legítimo, sino un juego geoestratégico entre los dos grandes bloques mundiales: por un lado Rusia, apoyado en su retaguardia por China, y, por otro, Estados Unidos, que utiliza a la OTAN para acotar a Putin, al que le están atacando desde un flanco que creía controlado por su política de purga y terrorismo interior. La tensión crece.