La Tribuna de Talavera
Saltar Publicidad   Cerrar   

Publicidad

viernes, 28 de noviembre de 2014
Local
Entrevista a Joselito

«Me daba entre vergüenza y miedo que la gente supiera de mi pasado»

J. M. - domingo, 16 de septiembre de 2012

Compartir > >
Compartir esta noticia en Tuenti Compartir esta noticia en Meneame Compartir esta noticia en Buzz Compartir esta noticia en Windows Live Compartir esta noticia en Delicious
José Miguel Arroyo "Joselito" detalla con pelos y señales los recuerdos de una vida que comenzó en el barrio madrileño de La Guindalera y se podía haber truncado en el camino.

Nació en Madrid. Entre las drogas y la delincuencia de un barrio sin movida madrileña, como dice la contraportada del libro ‘Joselito el verdadero’, una autobiografía presentada hace unos días en Pepino. Impulsivo en ocasiones pero reflexivo y atormentado siempre, Joselito desnuda a José Miguel Arroyo. El hombre que hacía aflorar sus sufrimientos a cada muletazo.
¿A qué se debe la publicación de esta biografía a mitad del camino, a mitad de una vida?
Me hablaron desde Espasa para hacerlo, pero yo no quería. Estaba muy reacio. Me convencieron porque me comentaron que si no lo hacía yo, al final lo haría alguien y no iba a tener mucho de cierto. Me decidí aunque me daba algo de miedo, pero a medida que transcurría, para mí era una terapia. Lo más importante ahora que ha quedado terminada, es que alguien que esté en una situación parecida a la mía lo lea, y se dé cuenta de que con ilusión se puede conseguir todo y estar casi por encima de todo. Otro punto importante son mis hijas. Han tenido la suerte de nacer en un seno familiar muy estable y casi viviendo en la opulencia, pero quiero que sepan de dónde procede todo y que no es oro todo lo que reluce. Quiero que sepan las raíces.
Habla de terapia por recordar sus orígenes. ¿Se sigue remontando a una infancia que le ha marcado quizá triste o duramente?
En principio, era triste. Me sentía que era un personaje o una persona con bastantes desgracias o desdichas, pero como las enfermedades que no te matan te fortalecen, al final me ha fortalecido. Me ha servido de mucho. Ha habido mucho tiempo en el que he estado con muchos temores porque escondía ese pasado. Me daba entre vergüenza y miedo que la gente supiera. Cuando me decidí, me dije: por qué me va a dar vergüenza si es lo que ha pasado. Bien o mal, desgraciada o afortunadamente, ha sido como ha sido. Hay que tomarlo con naturalidad.
¿Por qué el título de ‘Joselito el verdadero’? Hay muchas leyendas o rumores.
Lo que se plasma en el libro es mi verdad. Se habla de todo. Todos hablan pero nadie sabe.
En la contraportada, lo describen como un hombre enigmático. ¿Quizá ocultar su infancia o sus raíces lo convirtieron en un alguien esquivo?
Efectivamente, esos miedos y ese temor a que la gente supiera. La gente me decía que tenía una personalidad muy extraña, muy esquiva, muy arisca. Creo que, leyendo el libro, la gente comprenderá muchas cosas sobre el porqué de mi personalidad.
En este sentido, el libro es una especie de catarsis o liberación.
Totalmente.
A pesar de que tiene 43 años y ha triunfado.
Ha sido y es como el cuento de hadas. Es la ranita que se convierte en príncipe. Ese niño que nace en un ambiente hostil en un barrio duro y complicado. Por una ilusión que le nace a los diez años cambia todo. Los malos hábitos por buenas costumbres, y al final sale todo bien.
A esa edad, ¿vio usted como una especie de agarradera o tabla de salvamento los toros? O sólo se fascinó con el mundo del toreo.
Por entonces, era la fascinación. Siendo un niño y no entendiendo aquel espectáculo, me cautivó sobremanera y decidí ser torero por lo que sentí en aquel momento. No me planteaba salida de nada, pero aquello fue una cosa que me llamó poderosamente la atención no por lo que implicaba o luego implicó, sino por sentir y vivir lo que había visto en el ruedo.
¿Cómo surgió su afición por los toros?
De manera casual. Vivía muy cerquita de Las Ventas. Mi padre biológico era muy aficionado y me llevaba a los toros. A mí no me gustaban. No lo entendía. Tenía mi mente en jugar con mis amiguetes, y además basta con que tu padre te lleve a un sitio para que tú estés en contra. Un día jugando al fútbol en el aparcamiento de la plaza de toros, que entonces era de tierra, se arremolinó mucha gente en el patio de cuadrillas. Nos llamó poderosamente la atención. Vimos que el centro de la cuestión era que había llegado un torero. Dije: ‘Esto me interesa’. Cuando cumplí diez años me llevó a una corrida.Tampoco estuve disfrutando mucho, pero de repente algo ocurrió, pero no me preguntes el qué porque no se decirte muy bien el qué, y me cautivó. Causalmente, el que toreaba ese día y me motivó a ser torero fue el testigo de mi alternativa (Juan Mora). Ese mismo día me preguntó por qué había querido ser torero y le conté mi recuerdo. Era un chaval vestido de azul celeste y al que le dio una voltereta un novillo. Resulta que fue el testigo de mi alternativa.
Una vez que surge la afición, ¿Cuándo descubre el talento?
Creo que es algo innato. Dicen en la escuela que era muy esponja y rápidamente cogía las cosas. Era muy aplicado y tenía mucha afición. A los 11 meses de ingresar, toreé mi primera becerra, y a los dos años, estaba toreando en público haciendo una terna con compañeros. Dimos la vuelta a España varias veces.
¿Ahí saboreó usted el éxito?
En ese momento, no. Porque de los tres, el Fundi, el Bote y yo, yo era muy soso, muy tímido, y no conectaba mucho con la gente. Tenía cierta calidad, pero me costaba mucho conectar con la gente. Para mí era un hándicap, y por dentro me hacía mella. Yo era el patito feo de esa película. Iba luchando con mi interior, y ya tenía todas estas historias de mi familia, y supongo que eso ya me hacía mella. Poco a poco me fui desasiendo de esas cosas y me fui haciendo más natural y más revolucionario en mi forma de pensar. Me dije yo lo que quiero es esto y voy a intentar a ver si lo consigo. Si no, me dedico a otra cosa.
Esa personalidad suya, en cierto modo atormentada, ¿le ha ayudado en el mundo del toreo?
Sí, mucho en la forma de expresarme. Los artistas nacen de un momento bajo de moral, de meterte en una sima. El arte tiene que estar siempre promovido por algo de tragedia. Ese sufrimiento te hace tener más sensibilidad y expresarte de otra forma.
Llama la atención la dedicatoria del libro: ‘A los que me quieren y a los que me odian’. Alguien que lleve una vida anodina no puede probablemente hacer esta afirmación, pero cuando uno es estrella, gana muchos adeptos y muchos enemigos. Parece un buen brindis.
Cuando se terminó el libro y antes de llevarlo a la editorial, me dijeron que había que hacer una dedicatoria. Al final, siempre te dejas a gente. Me dije ¿por qué he sido grande? Por la gente que me ha querido y por la gente que a lo mejor no me ha odiado, pero me ha tenido envidia.
Para la confección del libro, ha contado con Paco Aguado. Supongo que habrá sido una parte importante para que usted se haya desnudado por completo. ¿Cómo fue el proceso de conjunción entre los dos?
Ha sido vital. Cuando me comentó Espasa hacer el libro, pensé que no porque me da miedo desnudarme y porque no tengo capacidad para hacer un libro. Para un artículo o dos o tres páginas soy capaz. Paco es un poco mayor que yo, nos conocemos desde hace años y ha vivido el barrio también. Cuando yo hablaba en mi jerga, la entendía. Todo lo que yo le hablaba, le resultaba familiar. Para mí ha sido tremendamente fácil, aparte de que es un gran escritor. El libro tiene un gran ritmo porque va ‘in crescendo’. Le ha sabido dar ritmo y quieres más, quieres más al leerlo.
El libro sigue un orden cronológico. O se mezclan todas las vivencias.
Se mezcla todo. Son flashback que entran y salen, salen y entran.
Uno de los momentos más emocionantes de su carrera fue en el año 1989 cuando corta dos orejas en Las Ventas. ¿Fue su primer gran recuerdo en los toros?
No. Para mí lo más grande, aunque es una chorrada, fue cuando toreé la primera becerra. No veas el miedo que tenía al público. Estaba allí sorteando los números. Nos poníamos todos los chavales y tus propios compañeros decían si estabas apto o no para torear. Mis compañeros decidieron que saliese. Fue un orgullo que lo hicieran, pero había gente y estaba la plaza llena. No me daba miedo la becerra, sino que la gente se riera. Estaba en el burladero y me iba llegando el momento. Pensaba que se iban a partir de risa e iba a ser nefasto para mí. Me acuerdo cuando salí, la becerra pegó cinco arrancadas. Cuando me la quitaron, salí andando y vi que la gente me aplaudía. Dije que había conseguido lo que quería. Qué feliz, ya soy torero. Me había pegado un varetacillo, me bajé los pantalones y me dije que me había dado una cornada. Lógicamente, luego ha habido cosas mucho más importantes en mi carrera, pero ese día siempre lo recordaré como el triunfo al miedo, al miedo escénico que tenía tan sumamente fuerte y me tenía atenazado. Fue una maravilla para mí. Tenía 11 años.
¿Qué significa para usted la plaza de toros de Las Ventas, que ha mencionado ya en la entrevista?
Es todo porque me enseñó lo que era el toreo, y todo lo bueno y todo lo malo me ocurrió por primera vez en Las Ventas. La primera cornada, la primera vez que maté seis toros, el primer cartel con figuras. Todos los hitos importantes de mi carrera ocurrieron allí. Aparte de que era mi barrio y me sentía muy arropado porque recuerdo que el día de la confirmación, me dieron una vuelta al ruedo y estaban todos los chavales de mi cole. Para mí fue tremendo. Sin embargo, durante dos o tres años, me trataron de una forma muy cruel. Luego me di cuenta de que si hacían esto es porque realmente tenían mucha confianza en mí y esperaban mucho. Es jodido que te estén hostigando, aunque al final todo era para bien porque querían sacar lo mejor de mí.
Usted es un hombre muy reflexivo. ¿Cómo lleva el mundo vertiginoso del éxito?
He intentado ser consciente de lo que tenía y de dónde procedía. Procedo de una buhardilla de ocho metros cuadrados con un retrete para cuatro buhardillas. No tenía miedo a las cosas porque sé que hoy todo el mundo quiere estar contigo y eres un tío popular, pero llegará un momento en que todo esto se va a acabar. Lo tomaba con mucha naturalidad. Es cojonudo, me lo paso de cine, me siento orgulloso de que la gente me alabe, pero pongo los pies en el suelo. Luego queda José Miguel Arroyo. El hombre debe estar por encima del personaje. Cuando triunfé en Madrid me hizo mucho daño, porque todo el mundo estaba pendiente de mí y se abrían todas las puertas. Y me dejé. Fui a Nîmes y estaba tan sumamente aturdido, que nada más terminar de torear el toro, dije que tenía que reordenarme. Me había salido un toro bueno y era incapaz de hacer las cosas que yo sentía. Estuve ocho o diez días toreando de salón y reorganizándome mentalmente para reaparecer en Úbeda. Corté cuatro orejas y un rabo. Me di cuenta de que había pasado por mí, estaba perdidito, y me dije que el éxito había que tomarlo de forma natural.
¿Qué papel ha desempeñado su padre adoptivo en su carrera?
Para mí ha sido vital. Cuando mi padre biológico falleció, él se hizo cargo de mí y empecé a formar parte de una familia normal. En el lecho de muerte, mi padre biológico le dijo a Enrique ¿qué va a ser de mi hijo? Y él le dijo que como torero no le podía asegurar nada, pero como persona me iba a enseñar a andar derecho por la vida. Es mi mejor amigo. Me ha enseñado la rectitud de la vida. Cuando había un obstáculo, me decía José, ese es el obstáculo. Lo puedes franquear por aquí, por allí o te puedes chocar. Siempre me dejaba la opción de que hiciera lo que me diera la gana. Le quiero, le admiro, le respeto... Me di cuenta de que la sangre no cuenta. Lo que hace es cómo te traten y cómo trates tú también.
Se retiró usted joven. ¿Cuál fue la razón?
No estaba bien ya en la plaza. Me retiré la primera vez en el año 1999. Todo aconteció en una tarde muy aciaga en Sevilla, y ya no cumplí unos contratos en Zaragoza. Moralmente estaba destrozado. El artista que yo tenía dentro se había desvanecido. Dije: ‘Me voy a mi casa y se acabó’. Posteriormente, me dije que no era de justicia que la última tarde fuera tan nefasta. Me empecé a ilusionar para reaparecer en 2000, y lo dejé definitivamente en 2003 porque tenía la sensación de que estaba aburriendo a la gente. Prefiero irme yo a que la gente me eche. No estaba en mi mejor momento de mi carrera y empezaba el declive, aunque era muy ligera la cuesta abajo.
Siempre tuvo claro que se quería dedicar a la ganadería y compró una muy joven.
La compré el primer año tras la alternativa. Tenía claro que si no funcionaba como torero quería ser mayoral. Llevaba viviendo en el campo cuatro o cinco años y me gustaba mucho. Si no sirvo para torero, me dedico al campo.

> Haz tu comentario
Introduce el texto que aparece en la imagen:
Apodo Correo electrónico* Web

Si aún no estas conectado, puedes hacerlo aquí

Acepto el aviso legal
  • Los comentarios reflejan las opiniones de los lectores, no de La Tribuna de Talavera.
  • No se aceptarán comentarios que puedan ser considerados difamatorios, injuriantes o contrarios a las leyes españolas
  • No se aceptarán comentarios con contenido racista, sexista, homófobo o que puedan interpretarse como un ataque hacia cualquier colectivo o minoría por su nacionalidad, el sexo, la religión, la edad o cualquier tipo de discapacidad física o mental.
  • Los comentarios no podrán incluir amenazas, insultos, ni ataques personales a otros participantes.
  • La Tribuna de Talavera se reserva el derecho a eliminar cualquier comentario considerado fuera de tema.
Joselito, en un momento de la entrevista. Peña
Joselito, en un momento de la entrevista. Peña
La Tribuna de Talavera de siempre, ahora en tu dispositivo Android. Lee �La Tribuna de Talavera�, ahora en tu iPad. La Tribuna deTalavera en Kiosko Promecal
Pulsa aquí para conectarte.
Si aún no estas registrado pincha aquí
Grupo Promecal
Se recomienda una resolución de pantalla de 1024x768 y las últimas versiones de los navegadores.
La Tribuna de Talavera digital se basa en el Sistema de Gestión de Contenido desarrollado por Ceres Comunicación Gráfica