Con el siglo cumplido y un año más, el historiador jareño Fernando Jiménez de Gregorio (Belvís de La Jara, 1911-Madrid, 2012) fallecía a última hora de la tarde del lunes en un hospital madrileño, a consecuencia de las complicaciones derivadas de una infección respiratoria. El profesor Jiménez de Gregorio, conocido en los ámbitos académicos, culturales y periodísticos como don Fernando a secas, deja a su muerte una prolífica trayectoria de investigación histórica y etnográfica, centrada en la provincia y en particular en las tierras de Talavera, que reivindicó con pasión, tanto a través de su obra como desde cuantos foros se le ofrecieron.
Nacido en la calle Colón número 7, de Belvís de La Jara, se licenció en Filosofía y Letras, en la sección de Historia, con la primera promoción que salió en 1932 de la facultad homónima de la Universidad Complutense de Madrid. Desde muy temprano se inclinó por la docencia, a la que dedicó su trayectoria profesional que le llevó por los institutos de Plasencia, su primer destino en 1933, Valdepeñas, Murcia, Toledo y el Isabel la Católica de Madrid. En este último centro se jubiló como catedrático de Geografía e Historia en 1981, después de 48 años de magisterio, que le llevaron también durante casi tres lustros a dar clases en la Universidad de Murcia.
Todos los títulos. Trabajador infatigable, compaginó la docencia con la actividad investigadora, de la que ha dejado una abundante producción, con más de cuarenta libros, y que le ha valido innumerables distinciones. Jiménez de Gregorio era hijo predilecto de Belvís de la Jara desde 1960 y de la provincia desde 1988. Por su defensa y contribución al conocimiento de Talavera, en 1998 fue nombrado hijo adoptivo de la ciudad y en 1997 recibió la placa al mérito regional otorgada por la Junta de Comunidades en reconocimiento a su trabajo. Son sólo algunas de las distinciones que acumuló, el que fuera cronista oficial de Belvís y de la Provincia de Toledo, que ha dado nombre a un premio de historia convocado por el Ayuntamiento talaverano, miembro de honor del Instituto de Estudios Madrileños y de las academias Alfonso X el Sabio, de Murcia, y de la Historia de Toledo.
Crónicas talaveranas. Pregonero, autor de escudos y banderas y de numerosas publicaciones de investigación, entre las que destacan los volúmenes sobre la historia de los pueblos de la provincia de Toledo, Don Fernando ha dejado un legado de más de 2.000 colaboraciones periodísticas, en las que volcó otra de sus grandes pasiones. Dentro de esa trayectoria, Fernando Jiménez de Gregorio ha sido colaborador de La Tribuna desde su aparición en 1998 y ha publicado centenares de artículos, bajo el epígrafe de «Crónicas talaveranas», con las que se mantuvo fiel a la cita semanal con los lectores hasta diciembre pasado, cuando rebasada ya la frontera del centenario su menguada visión le impedía seguir trabajando y mecanografiando personalmente cada escrito. Fue una crueldad del destino, que le hurtó de hacer lo que más le llenaba en ese momento.
Siempre generoso y afectivo, su relación con esta cabecera a la que con toda justicia consideraba su periódico, fue siempre fluida y se prestó a colaborar con sus conocimientos y su pluma siempre que fue requerido para ello. Don Fernando ejerció también de mediador e introductor en el medio de todos los valores culturales de la comarca que se cruzaron en su camino, que por su cercanía de trato y su generosidad fueron numerosos.
Su vocación por La Jara y las tierras de Talavera, cuya identidad unitaria defendió con convicción, le llevaron a ejercer de embajador allí donde estuvo. «Esta es nuestra tierra, decadente, pobre, pero es nuestra tierra», manifestó en el homenaje que recibió en su pueblo cuando cumplió cien años.
En los últimos años su figura había sido objeto de multitud de reconocimientos y homenajes que le han llegado desde los más diversos ámbitos, y a los que ha correspondido siempre con humildad, una de las características personales que más se le han elogiado. Hace apenas dos meses que tuvo su última intervención pública, pocas fechas antes de cumplir los 101 años, el día de San Fernando. Fue en Belvís de La Jara, donde se descubrió un busto dedicado a su figura y donde contaba ya con otro de los reconocimientos que más le enorgullecían, una calle con su nombre.
Desde que al filo de la madrugada del martes se conoció la noticia de su muerte, se han sucedido multitud de testimonios de condolencia y reconocimiento hacia un hombre que fue testigo privilegiado de un siglo y que conservaba una minuciosa memoria de cuanto le había tocado vivir. Era una faceta más del erudito en historia que amó con pasión inagotable su profesión, la historia y a su tierra.
El cuerpo del profesor Jiménez de Gregorio fue incinerado en la tarde de ayer en el cementerio de La Almudena de Madrid. A las siete de la tarde de hoy se oficiará el funeral en su memoria en la iglesia parroquial de Belvís, la tierra que amó por encima de todas.