La Tribuna de Talavera
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miércoles, 23 de mayo de 2012
Toledo
Incendio en 'el parchís'

El acusado niega rotundamente que quemara la casa de su expareja

J. M. / Toledo - miércoles, 08 de febrero de 2012

La Policía no ha encontrado en "el parchís" ningún testigo que viera a Manuel A.P.G. en el momento del incendio, algo normal, afirmaron los agentes, porque «no es una zona donde la Policía sea muy querida»

El presunto pirómano acusado de prender fuego a la vivienda de su expareja niega tajantemente lo hiciera. Reconoce que la visitó al salir de la cárcel el pasado 3 de febrero de 2011, y que habló con ella para buscar una solución a la miseria en la que estaba sobreviviendo con sus hijos. Pero afirma que en el momento de los hechos él estaba en Santa Bárbara. Hoy tiene que quedar visto pasa sentencia el juicio, iniciado ayer, contra Manuel A.P.G., como presunto autor del incendio en la casa de su exnovia, situada en las viviendas de alquiler para jóvenes del Polígono conocidas como "el parchís". El Ministerio Fiscal, que está llevando el peso de la acusación, pide para el acusado quince años de prisión por un delito de incendio y otros dos por amenazas y maltrato. En la jornada de ayer, se produjeron las declaraciones del acusado, la víctima y varios testigos, de las que se dedujo que ella y sus hijos vivían en una situación de penuria, rodeados de tanta suciedad, que al policía que hizo la instrucción le dio la impresión de que quien allí habitaba sufría Síndrome de Diógenes. En varios casos, las declaraciones del juicio no coincidieron con las ofrecidas durante la Instrucción.

Una cuestión clave en los interrogatorios fue el destino de la única llave de la vivienda, que según la víctima se llevó su exnovio, algo que él niega. Además, se da otra circunstancia curiosa. Aunque durante las horas posteriores al incendio los vecinos hablaron de discusiones públicas entre la pareja y apuntaban al hombre como autor del incendio, la Policía no ha encontrado a ningún testigo que declare haberlo visto volver a la hora del siniestro, ni prender el fuego. El instructor explicó que "el parchís" «no es una zona en la que la Policía sea muy querida». Por su parte, la víctima afirmó que tampoco vio a su expareja encender el fuego, pero «supongo que tuvo que ser él, porque no cabe otra».

Declaraciones. El acusado declaró muy tranquilo, proclamó su inocencia y trató de desacreditar ante el tribunal a su expareja, a la que acusó de vivir con sus hijos durante los últimos cinco meses «en un estercolero», sin agua, luz o calefacción. Al salir de la Cárcel de Ocaña, explicó, se reunió con la madre de sus hijos. Según su narración, ella le bajó sus cosas al coche de su vecina, lo increpó en un descampado y después condujo sin carnet para llevarlo a algunos bares donde le debían dinero. Al llegar a casa, afirmó, se llevó una sorpresa al encontrarse a los niños entre basura, sin pañales, con olor a orín y excrementos. A la mañana siguiente, él la pidió buscar una solución a esta situación, pero ella le exigió que se marchara, bajo la amenaza de cortarse con un cuchillo y denunciarlo. Cuando llevaba a uno de los niños al colegio, ella, comenzó a increparlo desde la ventana. El acusado afirma que recurrió a los padres de su excompañera, y les pidió que intercedieran para buscar una salida para los niños. Dio al padre la llave de la casa, que le entregó ella el día antes, y esperó a que hablaran. Al subir de nuevo, ella dijo que había conocido a otra persona. Y él ser marchó con el compromiso de hablar al día siguiente de la situación de los niños, pero sin llevarse ya las llaves, que había dejado su suegro sobre la mesa. A partir de ahí, afirma que se fue a cenar con unos amigos a Santa Bárbara. Luego, camino de un bar, se encontró con una conocida y le avisaron de que lo buscaba la Policía. Se puso nervioso, llamó a su abogada y se marchó a Madrid. Al día siguiente volvió y se entregó. En su declaración previa, Manuel había acusado a su expareja de prender fuego a la casa para inculparlo. Afirmó que previamente había incendiado otra casa en Azucaica. Y dijo que cuando entró en la cárcel le había dejado 45.000 euros en mano y el encargo de cobrar otro tanto que le debían.

La víctima afirmó que hacía tiempo que había dado por concluida su relación con Manuel. Así se lo repitió al salir este de la cárcel, aunque él insistió en que le diera otra oportunidad. Por la mañana, ella le pidió que se fuera. Él la insultó «de puta y zorra para arriba», y se llevó las llaves. Tras la conversación con su padre, volvió Manuel, y la tiró un cenicero, la abofeteó y la amenazó. Él se llevó las llaves y comenzó a perseguirla por la urbanización, algo que entiende que tuvieron que ver los vecinos. Ella volvió a casa y huyó con los niños por la terraza a casa de la vecina. Todavía daría tiempo a que volviera su expareja a amenazarla desde el patio. Lo siguiente que escuchó fue los gritos de sus vecinos, alarmados por las llamas.

De la declaración de la vecina con la que se refugió la víctima cabe destacar que en ningún momento vio a Manuel, ni escuchó en la conversación más allá que él dijo «me las vas a pagar», y ella «o me las vas a pagar tú a mí». La víctima estuvo con ella hasta después del incendio.

Uno de los policías advirtió que el acusado le contó que se sentía muy mal, porque había encontrado en el domicilio los papeles de un aborto de hacía dos meses, cuando él llevaba diez en la cárcel.

El padre de la víctima contó que desde lo sucedido ella ha dejado a su cargo a sus cinco hijos, y no se acerca a verlos. El padre sí los llama desde la cárcel. El abuelo se mostró muy preocupado por el futuro de sus nietos. Y se lamentó de haber hecho caso a Manuel «cuando ya me había engañado antes».

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