Hace justo una semana, en este mismo espacio, estuve "arreando estopa" a los partidos políticos mayoritarios por ignorar de manera reiterada a nuestros políticos a la hora de ocupar cargos de relevancia. Será por dejarme mal o porque uno tiene el don de la inoportunidad a la hora de alzar la voz, el caso es que hace unos días hemos sabido que el nuevo subdelegado del Gobierno en la provincia será un talaverano: el hasta ahora portavoz del equipo de Gobierno, José Julián Gregorio.
Bien es verdad que el nombramiento de Gregorio no hace más que mantener nuestra media de cargos oficiales, si tenemos en cuenta que el puesto de subdelegado provincial con el Gobierno socialista ya lo ocupaba otro talaverano, Javier Corrochano, quien regresa a la actividad docente tras un largo período ocupando cargos públicos.
El caso es que José Julián Gregorio se marcha a la capital, sin duda una buena noticia para esta ciudad que -esperemos- contará de este modo con un hilo directo con el Gobierno central, fundamental a la hora de mover temas de interés como el AVE o la lucha contra el desempleo.
Pero también es cierto que el alcalde, Gonzalo Lago, va a perder a su brazo derecho, el hombre que, hasta el momento, le ha servido de pararrayos y que no ha dudado en entrar al choque cuerpo a cuerpo con la oposición siempre que ha sido necesario. Lago ya ha anunciado que remodelará su equipo de Gobierno para cubrir todos los huecos que deja Gregorio, que no solo era portavoz, sino también responsable de Cultura, Festejos, Relaciones Institucionales y Régimen Interior.
La duda es si Lago decidirá repartir todas esas responsabilidades entre su equipo o confiará en un solo nombre para que ejerza todo el poder, como sucedía hasta ahora con Gregorio. El alcalde deberá afinar en su decisión porque tiene todavía más de tres años por delante y su desgaste, visto el panorama, puede ser importante. Y no hay nada como un buen pararrayos para salir indemne de la tormenta.