Finalmente parece que era cierto lo que les comentaba el otro día, eso del run-run que recorría Talavera asegurando que los ciudadanos han llegado a la conclusión de que así como están las cosas no se puede seguir y que estaban dispuestos a crear alguna asociación, plataforma o lo que fuera para actuar al margen de las instituciones llámense éstas Ayuntamiento, Junta o lo que sea. Sí, cuentan que la cuestión está muy madura y es posible que los partidos clásicos se lleven un disgusto. Más que nada porque con los votos que se pudieran ir a la nueva formación ciudadana no les saldrían las cuentas.
Pero es lo mismo de siempre, lo mismo que semana a semana se hartan de decir aquí mis queridos amigos Ángel Monterrubio y Miguel Sánchez. Que no, que no se puede consentir que siga la sangría talaverana nada más que por el capricho de alguien o lo que sería incluso peor, por el cálculo electoral bastardo de algún político.
Es que es mucho lo que llevamos perdido en los últimos años ya saben, lo de siempre; en muchos casos bienes tangibles como el Mercado, la cárcel de la Santa Hermandad, la barra de pan planchada o talaverana, la condición de ciudad ferial, de ciudad con equipo en Segunda B, el comercio, la cerámica, los puestos de trabajo y demás, y en otros se trata de riquezas históricas, medioambientales e intangibles como los ríos Tajo y Alberche, las celebraciones del calbote por el Día de Difuntos y todo lo que ustedes gusten.
Hace unos días hablaba en antena con un locutor -ahora dicen «comunicador», pero a mí me da dentera- muy joven que me preguntaba qué era el calbote; le respondía a mi vez preguntándole si había escuchado alguna vez algo sobre Halloween y la respuesta fue inmediata y afirmativa. La culpa no es del locutor sino de la pésima educación, el delirante olvido en los planes educativos de enseñar nuestras tradiciones y el desdén con la que algunos docentes y autoridades tratan las costumbres y tradiciones de Talavera, la estúpida pérdida de riqueza patrimonial.
Y pasa lo que pasa, que nos tratan como mandrias y nos dicen encima que tenemos que estar agradecidos a quienes nos dan patadas en la barriga.
Es lo mismo de siempre aquí, vamos.