Pensaba zanjar, a luz pública, el tema taurino pero mi compañera Fernández-Salinero me invita a plantar batalla, por supuesto dialéctica, la única en la que creo. Cierto es: me identifico más con el toro que con el torero, pues desde que tengo uso de razón siempre me he posicionado de parte del débil y el sometido y ante la vara picadora que asemeja la tortura animal con el arte, mi braveza de luchadora de causas no siempre sencillas me sube la adrenalina.
Querida compañera, tengo tanto que decirte que ni aunque Carmen me diera una de sus aperturas podría hacerlo, pero lo intentaré. En primer lugar, no te preocupes por ir a contracorriente, los que nadamos en ese bando somos los antitaurinos, los que luchamos contra lo establecido, contra la tradición que por el simple hecho de serlo, vosotros santificáis y eleváis a arte, sin plantearos más. Respecto a progresista, cada cual lo interpreta como le viene en gana, si lo entendemos como el DRAE y, por tanto, como colectividad con ideas avanzadas, no me negarás que la defensa de los animales no es de siglos medievales, sino de los últimos años del anterior y del presente.
¿Y qué decirte del arte? Yo no me atrevería a definirlo pero sí podría decirte que entiendo como tal toda aquella expresión del alma convertida en belleza. A mis ojos, no hay belleza alguna en el sufrimiento de un ser vivo. ¿Acaso eres una de las pocas que no se escandalizó cuando un impresentable, que se llamaba a sí mismo artista, dejó morir de inanición a un perro en una exposición? Para Guillermo Vargas, conocido como ‘Habacuc’, (me reservo el nombre con el que yo lo conozco) eso era arte, así de subjetivo puede ser. Pero ¿acaso justifica el arte la crueldad? Tú ves subjetivamente arte, yo, objetivamente, veo a un animal que no ha decidido estar en una plaza, ni ser asesinado, ni siquiera luchar con nadie.
Por último, y no es que se acaben aquí mis argumentos, es que la columna llega a su fin, no me seas demagoga con Picasso, Goya o edificios hechos para la matanza. Si defiendes las corridas porque a todos ellos inspiraron, ¿defiendes las cruentas guerras que ha sufrido el ser humano por ser musas de las más importantes y grandes obras de arte? Piensa sólo en el Guernica, en los Fusilamientos del 2 y 3 de mayo, o en esos coliseos que, a mis ojos, ojalá nunca se hubieran levantado siendo su fin la tortura. Y no es mi libertad la que ha de poner fin a la tuya, es la libertad y el derecho a la vida de otro ser el que debe acabar con ese divertimento tuyo. Reconócelo, reconocedlo: os la soplan los animales. Ése es vuestro único motivo.
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