Sólo la manifestación que ayer recorrió las calles de Bilbao para mostrar la más absoluta repulsa al último crimen de ETA, podrá robar en los titulares de esta mañana protagonismo a la histórica que se vivió en Talavera. Casi desde el mismo momento en el que arrancó la manifestación en Talavera, se alzaron las voces del Levante descalificando, criticando, censurando la legítima protesta que protagonizaron cerca de 50.000 personas en defensa de los ríos y, sobre todo, del explotado Tajo.
Parafraseando a Don Quijote, «ladran, luego cabalgamos», esta y no otra es la mejor prueba de que el camino emprendido ayer en Talavera supone un salto cualitativo importante en la defensa de nuestro río y de nuestro derechos como cuenca natural y preferente. Ha costado pero al fin Castilla-La Mancha ha sabido emplear para alzar su voz una herramienta, la protesta en la calle, que es la que han usado, precisamente y con insistencia, desde el levante para mantener viva una infraestructura, este trasvase, obsoleta, insostenible e injusta. A capacidad de movilización, ahora se responde con la misma moneda.
Esta respuesta popular en una región poco amiga de las movilizaciones, es la mejor noticia de lo visto ayer en Talavera pero no es el único motivo de alegría. Ayer se vio a una sociedad civil bien armada en defensa de sus intereses. Una sociedad con argumentos y cargada de razón. Y una sociedad que ha aprendido de errores pasados y ha sabido, por ejemplo, concitar las voluntades de toda la cuenca del río, desde Entrepeñas a Lisboa, por mucho que éste atraviese realidades sociales dispares, provincias, regiones y países distintos. Esa unión es una gran baza que no debemos perder.
Finalmente, la manifestación de ayer debe servir también para que las fuerzas políticas que dicen defender nuestros intereses reflexionen. El detalle más patético antes, durante y después de la marcha, fue verles pelear por la frase más rotunda, la crítica más cítrica y no precisamente hacia los que protagonizan el expolio de nuestro agua o hacia aquellos que a día de hoy, por mucho que se vistan los ropajes de la ecología, el desarrollo y la sostenibilidad, siguen permitiéndolo. No. Lamentablemente los comentarios más acerados iban dirigidos al afiliado de la otra formación política que caminaba en la misma marcha pero a pocos pasos de distancia, lo que creó una imagen, una vez más, de división y debilidad.
Bueno será que todos saquen buena enseñanza de estos errores y de la lección que han recibido de los ciudadanos, porque por muy bien que saliera la marcha, todavía no se puede cantar victoria. La lucha por los ríos apenas ha comenzado.
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