Me ha llamado la atención que los vecinos del Parque sigan pidiendo al Ayuntamiento talaverano que les proteja de los ruidos y las molestias ocasionados por los estragos del botellón en su barrio. Estos vecinos llevan ya décadas aguantando esta muestra del incivismo más radical al que, semana a semana, dos días por semana son sometidos sin que ningún tipo de institución los proteja.
El botellón es visto con simpatía y agrado por numerosos jóvenes, al que van a divertirse abusando sin mucho miramiento del alcohol y de algunas cosillas más. La acumulación masiva de gente favorece la relación de los chicos, todo Talavera se ve en este multitudinario, bochornoso y semanal acto de barbarie colectiva, lo que ayuda a la clandestinidad de muchas acciones, singularmente del tráfico de droga.
Tampoco es pequeño el riesgo que corren los muchachos y los vecinos del barrio donde se asienta el botellón, de riñas o altercados, que pueden terminar con cierta frecuencia en heridos por arma blanca, atropellos, etc. La reciente muerte del joven Álvaro Ussía a manos de unos matones de discoteca y los varios muertos este Fin de Año en reyertas fruto de las peleas en sitios de copas pone de relieve las consecuencias de diversiones desmedidas.
Las familias talaveranas, la mayoría responsables y amantes de sus hijos, ven con preocupación cómo todas las semanas los envían a una actividad insalubre, desmadrada, sin apenas vigilancia policial y en la que además se ven perjudicados en su descanso miles de vecinos. Yo, como madre, he sentido esa preocupación, he hablado con otras madres que también la sienten, pero ninguna institución nos ayuda a proteger a nuestros hijos. Así que nos vemos en la tesitura de «prohibir» la salida nocturna, a veces por la edad imposible, o ver cómo van a esa bacanal sin nada que les proteja o les frene.
La prohibición del botellón, el circunscribir el ocio a los locales habilitados para ello, el controlar esos locales en aspectos como la seguridad, el aforo, la calidad y el origen adecuado de las bebidas y su hora de cierre, impedir la acumulación de personas en las puertas de los locales y una vigilancia policial adecuada y proporcional a la enorme cantidad de gente que sale de marcha, podrían ser medidas a tomar.
Aquí quiero dejara constancia, porque lo conozco de primera mano, de que si esto no se ha atajado es por motivos estrictamente electorales, los jóvenes votan y mayoritariamente lo hacen PSOE, por eso la solución también es electoral. ¡Ya lo saben amigos del Parque!
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