La columna que escribo en estos momentos va a reportarme pocos amigos, sobre todo entre jóvenes y todos aquellos que babean ante la juventud, pero me da lo mismo. La cosa va de la entrevista que he leído en La Tribuna con la concejala de Medio Ambiente Rosa María Bello; según señalaba el titular, la concejala afirma que la limpieza y el botellón son compatibles. No locreo; me parece que si hay algo que sea la antítesis de la limpieza es precisamente el llamado botellón. Me choca además, que la concejala y yo tengamos sobre el asunto idea tan dispar puesto que compartimos estudios educativos.
No, yo no creo que botellón y limpieza sean compatibles; me parecen exactamente lo contrario, absolutamente opuestos; son como el agua y el aceite, el blanco y el negro, el Madrid y el Atlético, Toledo y Talavera, las radiofórmulas y la buena música, Kiko Matamoros y la decencia, el Bulli y una panza satisfecha… No sé la razón por la que la concejala lo habrá dicho pero esas concentraciones de jóvenes dedicadas a beber y la limpieza son contrarias y lo son por definición, donde doscientas o trescientas almas beben y pasan las horas, inevitablemente llega la necesidad de evacuar, de mear vamos, y en la calle no hay sitios a propósito donde hacerlo; si la edil no me cree que se pase una noche cualquiera donde se celebre uno, ya me dirá si su nariz no le anuncia al instante que por allí se mea a go-go, y es que son litros y litros los que se vierten sin uso de inodoros dicho sea con toda la ironía que gusten. Es un poco extraño este afán de no contradecir en nada a la gente joven, algo tan paralizante como perverso a medio plazo y no creo que aleccionador ni positivo en materia formativa o de convivencia. Debo haberme convertido en un reaccionario recalcitrante pero creo que para que las cosas funcionen, al menos en lo más superficial, nadie puede mearse en el portal del vecino ni ir destrozando los monumentos poniendo firmas infames con espray; es, señora concejala, una cuestión de educación y respeto, los botellones no estarían mal si a): tuvieran lugares para evacuar; b): no fueran fuente de ruidos y molestias a los vecinos; c): no produjeran montañas de basura, roturas y suciedad; d): no tuvieran como propósito la borrachera rápida y barata; e): contaran con un fin algo menos prosaico que la bebida o… lo que caiga. Y en fin, que en mi opinión decir que esas manifestaciones amorfas llamadas botellones y la limpieza son compatibles debe referirse a la higiene de quienes acuden a ellas. No más.
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