La batalla legal y psicológica de una familia toledana contra un bar de copas del barrio de Santa Teresa ha terminado dando sus frutos en los tribunales. El Juzgado de lo Penal número 2 de Toledo ha condenado a los dos antiguos propietarios del local, ubicado en Santa Teresa, por un delito de lesiones a la pena de 18 meses de cárcel y a la indemnización de 18.000 euros para E.B.G., una vecina que sufrió reiterados problemas psicológicos y psiquiátricos gracias al ruido que generó este establecimiento hace unos años, que la obligó a mantener tratamiento de antidepresivos y ansiolíticos. Los procesados J.P.S. y R.M.S, también tendrán que pagar 7.500 euros al marido y la misma cantidad a una de las hijas.
Los problemas de ruidos que acusa el barrio de Santa Teresa son viejos conocidos, pero esta sentencia pone de manifiesto la repercusión continua de un exceso de decibelios para los vecinos, una situación que ha obligado a los afectados a acudir al Ayuntamiento en multitud de ocasiones para denunciar la problemática. El caso de esta familia fue más allá, ya que se vio obligada a trasladarse de domicilio en abril de 2004 porque no podía soportar más los ruidos del pub que tenían debajo de casa y ya había presentado 32 denuncias al Ayuntamiento, aunque de poco habían servido porque el establecimiento continuó con la actividad a pesar de los excesos de ruido, las presuntas manipulaciones del limitador, la celebración de un concierto en directo y la venta de alcohol a través de una ventana que daba a la calle.
Aunque la sentencia, contra la que cabe recurso ante la Audiencia provincial, absuelve a los empresarios de un delito contra el medio ambiente, sienta precedente porque supone la condena a 18 meses de prisión por las secuelas que causó el continuado ruido. El fallo recoge así en buena parte la tesis de la Fiscalía, que ha dejado de considerar las molestias que generan los locales de ocio nocturno como un tema menor. De hecho, la Justicia tiene abiertos procedimientos similares contra otros bares de copas de la ciudad. Para sus propietarios se solicitan también penas de prisión.
Tal vez la petición de penas pueda parecer exagerada, pero este asunto no puede banalizarse, máxime cuando el ruido incide en el nivel de calidad de vida y además puede provocar, según la OMS, efectos nocivos sobre la salud como deficiencias en la audición, trastornos del sueño y la conducta, merma en el rendimiento y disfunciones fisiológicas o de salud mental. La solución pasa por compatibilizar ocio nocturno y descanso y eso conlleva respetar la normativa.