La magia del artista italiano Miguel Ángel con el pincel ha trascendido todas las fronteras y nadie desconoce una de sus obras maestras: la Capilla Sixtina, en la Ciudad del Vaticano. Un nombre que hay quienes ya dedican al mural que se ultima estos días en la iglesia parroquial de Aldeanueva de San Bartolomé, a manos del artista ruso Wladimir Strashko, quien, modesto, sonríe de forma tímida cuando los vecinos hacen esta comparación.
Este laborioso y colorista trabajo arrancó en el año 1994, precisamente a raíz de un desencuentro. Así, Wladimir Strashko había llegado a España con otro pintor ruso para trabajar en los murales de la iglesia de San Martín de Montalbán, aunque una discusión entre ambos artistas desencadenó en que Strashko tuviera que dejar este proyecto. El azar quiso que José López, vecino de dicha localidad pero originario de Aldeanueva de San Bartolomé, se cruzara en su camino, y el pintor aprovechara la ocasión para ofrecerse a pintar la iglesia de Aldeanovita.
Así comenzó una relación comercial que se ha ido convirtiendo en amistad con el paso de los años, tiempo en el que no sólo han crecido las raíces de esta relación amistosa, sino también las figuras que ilustran el mural de la iglesia parroquial de Aldeanovita. «Es un regalo a su pueblo y mi pintura es un regalo a Pepe», señala Strashko.
El periplo arrancó en ese año 1994, fecha en la que el artista ruso planeaba permanecer en esta localidad tan sólo un mes, si bien la aventura se fue dilatando y todavía hoy sigue vigente. El trabajo comenzó con la pintura del tríptico que preside la nave central, única de este edificio del siglo XVI, donde aparece el Padre Eterno sentado en el trono, junto al que está la corte celestial y también está representado San Miguel; hay además una arcada donde se sitúa una escultura de San Bartolomé rodeado de una greca de la flor de La Jara, explica Martín Recio, profesor de religión. En el lado izquierdo del tríptico, la escena principal representa la vocación de San Bartolomé, que se localiza en un paisaje de rocas, que sería una vista desde Aldeanovita hacia la Estrella. En cuanto al lado derecho, lo protagoniza el martirio de San Bartolomé, que fue desollado vivo.
A la derecha del tríptico se ubica una nueva escena, que corresponde al Descendimiento de Jesús de la Cruz, mientras que el lado izquierdo se dedica a la Adoración de los Reyes Magos.
Todas las escenas han sido escogidas por el propio artista, que ha tomado como principal referencia la vida y muerte de San Bartolomé, patrón de la localidad.
paisajes de la jara. En los frescos del mural se pueden identificar lugares y hasta rostros de vecinos de la zona. Así, una de las escenas del tríptico se situaría en una zona de Aldeanovita desde la que se divisa el municipio vecino de La Estrella; en algunos protagonistas de la obra las caras corresponden a retratos de niños, algunos de ellos fallecidos.
Además, al igual que otros artistas, Strashko ha querido inmortalizarse en este gran lienzo junto a su ya buen amigo Pepe y otro amigo, Antonio Velasco. A los tres se los puede ver en el lado izquierdo del tríptico central, caracterizados de pastores en un segundo plano de la escena principal, que representa la vocación del patrón del municipio.
Strashko cuida hasta el detalle su trabajo, al que dedica un mínimo de diez horas diarias, sobre todo aprovechando la calma de la noche. Su vida está totalmente vinculada a este gran mural, y recuerda cómo ha cambiado su entorno en el tiempo que esta obra ha ido creciendo, años en los que murió su padre y tuvo que regresar a Rusia, y después nació su hija, que ha colaborado después, al igual que su esposa Alexandra, en este trabajo. «Ha sido toda la vida», reconoce el pintor ruso, quien no sin cierta pesadumbre y nostalgia reconoce que el trabajo va tocando a su fin, y estará culminado en unos quince días. No obstante, añade entre risas, «puede durar toda la vida», y apunta a los retoques que podrían hacerse, como perfeccionista que es, para que el mural sea mejor.
El propio Strashko reconoce que en su estilo ha habido una evolución a lo largo de estos años, y que este hecho se aprecia en el mural de esta iglesia, donde la primera fase tiene un marcado estilo renacentista mientras la posterior es más barroca, por la que se decanta ahora.
Grandes artistas como Velázquez y El Greco han sido fuente de inspiración para el pintor ruso, quien ha ilustrado también una iglesia de 2.000 metros cuadrados en Rusia y ha trabajado también en la República de Azerbaiyán, labores que ha compaginado como docente en la Universidad. «Ahora no trabajo en la Universidad, para poder terminar este trabajo», señala entre risas Strashko.
Este mural en concreto está sufragado por la parroquia y por un grupo de vecinos de la localidad, que aportan al artista lo que precisa para adquirir el material, y el propio sacerdote le paga el alojamiento y la manutención.
El Ayuntamiento, por el momento, no ha colaborado en este proyecto, con el que la parroquia está ilusionada. «Es algo que no hay en ningún pueblo de alrededor», señala el párroco, Sergio Tejero, y destaca el número de turistas que se acercan hasta la iglesia sólo para contemplar las pinturas, conocidas sobre todo por el boca a boca.
No obstante, el sacerdote reconoce que en el municipio hay quienes no están a favor de estas pinturas murales para la iglesia y hubieran preferido conservar el antiguo retablo de madera que se encontraba en esa zona, a pesar de que era posterior a la guerra y estaba en mal estado.