La huelga consiguió bloquear ayer algunos servicios básicos y retrasar la apertura de los establecimientos de la zona centro, pero no pudo paralizar el ritmo de la ciudad. Una marcha sindical con varios cientos de manifestantes centró la jornada durante las dos primeras horas de la mañana. El resto del día, Talavera respiró con normalidad.
La acción sindical se volcó en varios frentes: evitar la recogida de la basura y el servicio de limpieza viaria, y ganar seguidores entre las empresas de mayor envergadura y el sector comercial de Trinidad y San Francisco, que desoyó la llamada al paro variando el horario de apertura para evitar el enfrentamiento con los piquetes. En el resto de la ciudad, el eco de la huelga apenas se dejó oír. El polígono industrial y el mercado de mayoristas, puntos calientes en otras ciudades, despertaron con normalidad y sin la presencia de piquetes. Torrehierro sólo vio alterada su rutina por los coches de Policía Nacional patrullando las calles; en el caso de Mercatalavera, la actividad fue mínima por la ausencia de compradores.
Los sindicatos intentaron movilizar los grandes centros de trabajo, como Digitex, donde se colgaron grandes pancartas de tela con el 29-S, o El Corte Inglés, paso de la manifestación. Una decena de policías custodiaban las dos puertas desde las diez y los huelguistas se concentraron en ambas para protestar por la apertura. Al centro accedieron dos delegados sindicales para informar de los motivos del paro general a los trabajadores, aunque sólo subieron hasta la primera planta, escoltados por la policía y por los guardas de seguridad.
Los servicios mínimos se respetaron en el transporte, en el Hospital y en los centros de salud, y la jornada fue cotidiana en los colegios de Primaria, aunque la presencia de alumnos en los institutos y en la Universidad se redujo de forma considerable.
El altercado más relevante se desarrolló a primera hora en la empresa de autobuses Vilar, que ha denunciado daños en un autocar tras un enfrentamiento con piquetes.
La llamada a la huelga se materializó en la plaza del Reloj a las 9,30. Los manifestantes desplegaban las banderas y los chalecos rojos de CCOO y UGT y calentaban el ambiente con los primeros petardos y las proclamas del 29-S desde un megáfono: «Zapatero mete la reforma en el cajón», «Todos a la huelga, a la lucha por nuestros derechos».
Frente a la concentración se desplegaba una decena de agentes y dos motos de Policía Nacional precedieron la marcha por San Francisco, Trinidad, Muñoz Urra, la avenida de Toledo y la calle Sol hasta enfilar al Ayuntamiento, punto final del recorrido.
La zona centro aguardaba al paso de los manifestantes, que increpaban a los empleados de los pocos establecimientos que abrieron a su hora normal, como en el caso de alguna de las tiendas del grupo Inditex. «Aquí tenemos reservado el derecho de admisión», gritaba una de las trabajadoras cuando los piquetes accedieron al interior. A las puertas de los bancos se vivieron escenas parecidas. «Botín sinvergüenza», vociferaban desde el megáfono frente a la oficina central del Santander, aunque fue en Trinidad donde se vivió la escena más crispada.
Los piquetes arremetieron contra la tienda Centro Comercial Talavera, que se resistía a echar el cierre. «Tengo derecho a abrir, donde tienen que ir es a La Moncloa y no a los que nos ganamos la vida honradamente», lamentaba el propietario. «Estamos en nuestro derecho de no volver a comprar nunca aquí», respondían los manifestantes.
Sólo se respetó a los bares que no secundaran la huelga y algún manifestante hizo un parón para tomarse un café. En otras empresas prefirieron trabajar sin ruidos. Isolux desarrolló su actividad bajo tierra, en los túneles del aparcamiento de Pío XII. Quisieron evitar problemas en la superficie.