El cielo amenazaba tormenta pero se quedó en una simple advertencia. Los talaveranos pudieron disfrutar de las actividades programadas para conmemorar a la patrona de la ciudad, la Virgen del Prado.
El martes, a las 20,30 horas de la noche, todo estaba dispuesto en los Jardines del Prado para disfrutar del Festival de Flamenco organizado desde el Ayuntamiento de Talavera para que los amantes de este género pudieran disfrutar del mismo.
Minutos antes del inicio de la primera actuación, unas leves gotas de lluvia presagiaban lo que nadie quería escuchar, la suspensión de esta actividad. Pero el público sacó sus paraguas y aguantó un amago de tormenta que se fue disipando a medida que los acordes de la guitarra del maestro Carmona se apoderaron del interés de los viandantes y del entusiasmo de los aficionados. Algo más de 200 personas se dieron cita en estos céntricos jardines, la mayoría tenían una edad superior a los 50 años y en muchos casos confesaban querer disfrutar del espectáculo porque «no entendemos mucho de flamenco». La falta de entendimiento no mermó los ánimos ni el interés por disfrutar de todas y cada una de las actuaciones de un festival que cumple diez años de edad.
Manuel González, conocido como ‘Rubito hijo’, fue el encargado de romper el hielo. A pesar de su juventud, tiene 29 años, cuenta con la profesionalidad de los grandes lo que le avalaba para defender este primer puesto. En 1996 ganó su primer premio de saetas en Sevilla, en 2003 se alzó con la Lámpara Minera. Los expertos en flamenco dicen que su voz suena a rancio y lo que los talaveranos pudieron apreciar es que su talento sobre las tablas es incuestionable. «No me esperaba un público como el de hoy, efusivo, caliente, que con nada que haces te transmite su alegría y la verdad es que me he sentido muy bien», aseguraba Manuel González tras su actuación.
Nazaret Cala subió al escenario dispuesta a demostrar su arte y a iniciar en el flamenco a los asistentes. «El público de hoy no es muy exigente porque no es muy entendido, pero pueden disfrutar de igual manera con lo más alegre como son las bulerías y los fandangos». El último en pisar las tablas fue Antonio Reyes, que conquistó desde el primer minuto. Su voz permanecía en el aire como un eco y su simpatía logró seducir a los aficionados. El público no abandonó el Festival a pesar del frío y de las intimidaciones de un cielo que terminó plagado de estrellas.
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