Estos sabios de pequeña estatura han pasado un mes completo de recreo, pero ha llegado el momento de que vuelvan a ocupar las aulas. 120 niños de entre seis y doce años se despedían ayer de su ‘Campamento Urbano’, un proyecto que año tras año organiza el Ayuntamiento de Talavera, en particular, las concejalías de Bienestar Social e Inmigración y Sanidad y Consumo.
La concejala de Bienestar Social, Carolina Cuesta, visitó tres de los cuatro colegios en los que se ha llevado a cabo esta actividad de verano. Tanto en el mes de julio como en agosto, la temática de los campamentos ha sido la identidad local, en especial, la fiesta de Las Mondas.
Aunque durante estos días no han estudiado matemáticas ni lengua, sus cuidadores aseguran que aprender han aprendido bastante. El patio también enseña, y más si se comparte con nuevos amigos y buenos monitores. Las actividades no se han limitado al recinto cerrado de los colegios San Ildefonso, Fray Hernando, Pablo Iglesias y José Barcenas, pues también ha habido excursiones por la comarca. Los niños destacan las excursiones a Segurilla, Pepino, La Portiña y Gamonal y las visitas diarias a la piscina de Patrocinio.
Uno de los retos más importantes de estos campamentos urbanos, según ha comentado Carolina Cuesta, es evitar que un día de verano de un niño se convierta en una jornada, y así, día tras día, en una rutina. Pese a afrontar la salida del sol con el mayor dinamismo posible, la vida social se rige por las agujas del reloj. Los pequeños han estado entrando al colegio a las 8,00 o a las 9,00, dependiendo del horario de trabajo de sus padres.
Sin videoconsola. Carolina Arroyo, monitora coordinadora del grupo Kentú, considera que esta experiencia es muy enriquecedora para los pequeños: «Durante estos días se liberan de todo el mundo digital y amplían su círculo social con nuevas amistades». Alejandro Martín, Fernando García y Andrés Pacheco, tres jóvenes de 11, 10 y 7 años, han olvidado las videoconsolas en sus casas para compartir un verano diferente. Algunos han aprendido a convivir con niños con discapacidad.
Esmeralda López, monitora en Fray Hernando, comenta que se trata de ofrecerles un verano divertido, sin tareas específicas y sin rutinas muy marcada, aunque es necesario un orden mínimo. Los primeros en llegar por la mañana tienen una hora de juego y lectura libre. A partir de las 9,00, comienzan los talleres de manualidades, a las 10,00 los juegos para después servir el almuerzo. En este día de fiesta, las golosinas han sustituido a los tradicionales bocadillos.
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