Los agricultores y ganaderos están desapareciendo en municipios que se han dedicado tradicionalmente al campo. La responsable provincial de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA), Elisa Fernández, se refería esta semana a Mohedas de la Jara y Campillo de la Jara como referencia de lo que ocurre en el resto de la región y en España. En este sentido, señaló que durante los últimos siete años no ha habido ninguna incorporación al régimen agrario en las dos poblaciones y se había rebajado en el mismo periodo hasta un 60 por ciento el número de cotizantes a la Seguridad Social en Campillo. «No hay relevo generacional», subrayó. De hecho, los profesionales afectados desaconsejan fervientemente la incursión en este sector.
La población de Campillo de la Jara cuenta actualmente con 430 habitantes y sólo 9 o 10 ejercen como profesionales del campo. «No hay altas», comenta a este diario Ernesto Sanguino, quien dirige una explotación de en torno a 300 cabezas de ovino. «Como profesión es posible que desaparezca o quede reducida a la mínima expresión», señala este ganadero que lleva 24 años en el sector.
A la crisis general del campo se suma que la comarca de La Jara está considerada como una zona de producción baja. «No cogemos cereal ni para el propio consumo de nuestra ganadería», comenta Sanguino. Así, desaconseja a los jóvenes que se metan en el campo por la inversión que hay que realizar y las pérdidas que conlleva actualmente el campo.
El pesimismo cunde incluso entre los más jóvenes. Miguel Ángel tiene 36 años y 10 de experiencia en el campo. Sin embargo, es el más joven del sector en Campillo de la Jara. «Entonces era más próspero y no costaba tanto la materia prima», lamenta este ganadero. «No da para ganarte la vida. Son todo pérdidas. Cómo se va a incorporar gente», subraya este vecino especializado en las ovejas de carne que vaticina también la desaparición de los profesionales.
La sequía ha multiplicado los problemas de los ganaderos porque han tenido que multiplicar los costes de producción al comprar paja para alimentar a los animales. Sin embargo, los precios de venta se han mantenido al mismo nivel.
En este sentido, la responsable de UPA señaló esta semana en Talavera que 2009 ha sido un año «catastrófico» para los agricultores y ganaderos españoles y subrayó que actualmente hay menos de 800.000 trabajadores que coticen en el régimen agrario, la cifra más baja de la historia.
Las hipotecas obligan también a estos ganaderos a mantenerse al pie de las explotaciones, pero aseguran que les ronda la idea de abandonar también el campo.
«Nos gusta vivir en el campo y en el pueblo, pero como futuro no es», subraya el ganadero de Mohedas José Muñoz, quien dibuja un panorama semejante sin un relevo generacional en esta población de unos 600 habitantes.
Así, indica que paulatinamente va disminuyendo el número de profesionales en esta población de La Jara. En este sentido, Elisa Fernández apuntó que la media de edad en el campo español alcanza los 55 años.
La desaparición del campo supondría una merma también para estas poblaciones. Así, Muñoz, propietario de una cabaña de unas 850 cabezas de oveja de leche, indicó que más de la mitad de los 17 niños de la población pertenecen a familias vinculadas con el sector agrícola.
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