El tiempo amagó ayer constantemente. Amenazó lluvia durante buena parte del día, pero también lució el sol por momentos. No obstante, los talaveranos demostraron que han tomado con ganas la recuperación de la antiquísima tradición de la romería de Santa Apolonia, cuya efemérides es el 9 de febrero. Decenas de fieles iban y venían de la ermita situada a unos cinco kilómetros de la ciudad, un camino que algunos realizaban por primera vez: «La conocía, pero por trabajo o por la falta de costumbre pues hasta ahora no había venido», decía Gabriel que iba a pasar el día con unos bocadillos. Él, como muchos talaveranos, optaron por subirse en Talavera a un autobús urbano que acercaba gratuitamente a los fieles hasta el pequeño templo dedicado a la patrona de los dentistas.
Las parrillas abundaban en medio de las familias que disfrutaban de un día en el campo. Al mismo tiempo, el párroco de la parroquia de Beata Teresa de Calcuta, Juan Jesús García, oficiaba una misa en la ermita abarrotada, aunque la homilía se podía seguir desde fuera por los altavoces. El alcalde, José Francisco Rivas, que recuperó hace unos años esta tradición, asistió escoltado por buena parte del equipo de Gobierno. «Refuerza la idea fundamental del reencuentro de las gentes con sus tradiciones. Es pura esencia del pueblo llano», indicó ayer a este diario el regidor municipal, quien subrayó que se ha retomado con fuerza la tradición.
Felicidad y Carlos llegaron juntos hasta la puerta de la ermita en el momento que se oficiba la misa y recordaban que practicaban esta tradición desde jóvenes. Como el día amenazaba lluvia, optaron por acercarse en coche y hacer los últimos metros. «Aunque llueva o haga frío, venimos», indicó este matrimonio de Talavera.
el reparto de las sardinas. Como en toda romería, no faltaron los feligreses que se acercaron hasta la ermita con los elegantes caballos entre los paseantes y los coches. A ambos lados del itinerario, dejaban atrás a niños que jugaban al fútbol o a corrillos de familias que hablaban de cualquier asunto, probablemente del inestable tiempo. Los caminantes llegaron también a pie desde Talavera, una hora de meritorio recorrido.
El Ayuntamiento corrigió este año la negativa del anterior a ofrecer comida gratis a los asistentes; de esta manera, se repartieron en esta ocasión unos 300 kilos de sardinas asadas ante una gran demanda. «Hay mal tiempo, y fíjate», decían en la cocina por la cantidad de gente que esperaba a que concluyera la misa para comer el ágape, que se acompañaba de vino, cerveza o agua. Un buen descanso, en definitiva.
Junto a los fieles a la tradición, vigilaban que todo discurriera con normalidad un despliegue de agentes de la Policía Local, Protección Civil y Cruz Roja. Los ánimos estaban tranquilos y relajados porque de lo que se trataba era de pasar un día en el campo. Junto a Santa Apolonia.
Ayer se echó de nuevo el cerrojo a la puerta de la ermita y hasta el próximo año los talaveranos no volverán a bajar a saludar a Santa Apolonia.
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