Se celebró en el bar La Huella y eso es precisamente lo que ha dejado en quienes regentaban el establecimiento. Isabel no salía de su asombro estos días, cuando conoció por sus jefes que acababa de llegar la orden de embargo de su nómina, por el impago de una multa del Ayuntamiento de Talavera que confiaba en que hubiera quedado anulada. Ese ha sido el precio de la celebración de un concierto dentro del III Festival de Gospel y Blues, que organizó la asociación Always Elvis en enero pasado, y en el que figuraba como entidad colaboradora el propio consistorio.
Isabel y su marido, titular del bar La Huella, pensaron que acoger uno de los conciertos de este festival podría ser una buena promoción para el local. «Nosotros avisamos de que había una vecina que podría poner problemas por el ruido, pero nos dijeron que no habría ningún problema, porque era como si fuera algo del Ayuntamiento», relata Isabel. El concierto, celebrado el 24 de enero, no se alargó mucho más allá de la medianoche, pero fue tiempo suficiente para que la Policía Local acudiera al bar, ante la alerta de una vecina por exceso de ruido.
«no habría problemas». «Salí yo, porque mi marido estaba atendiendo, con el presidente de Always Elvis y me aseguró que no habría problema», prosigue. Lo mismo le dijo la concejala de Juventud, según la afectada, cuando todavía atendían sus llamadas: «Ahora, ni nos han devuelto las llamadas».
Pero problemas ha habido. La sanción impuesta asciende a 900 euros y ha seguido su tramitación habitual, de tal forma que la cuantía se ha incrementado en la vía ejecutiva y ha acabado en un embargo, al no hacerse frente al pago. «Salí yo y ahora me ha venido a mí todo el lío», lamenta Isabel, para quien este será seguramente el concierto más caro de su vida. Les costó trescientos euros llevar la actuación del grupo «King bee» a su local, que ya han dejado de regentar, y todavía tendrá que hacer frente a los mil euros de cuantía total de la multa. «El Ayuntamiento primero firma con nosotros y luego nos la clava», añade mientras se queja de cierto afán recaudatorio.
«Encima, me han puesto la cara roja en el trabajo, porque me han embargado la nómina». Al menos, será el último episodio de una historia que empezó con un buen fondo musical y que acabado dejando huella.
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