La bibliotecaria, la compañera, la hermana, la amiga... Los participantes en el homenaje a la directora de la Biblioteca Municipal José Hierro, Mariví Fernández (Talavera, 1963-2009), aportaron una catarata de recuerdos para componer el retrato de una mujer comprometida, humana, apasionada, fuerte y enamorada de la vida y de sus queridos libros. Fue su hermano Vicente quien mejor definió el sentido de la reunión que se celebró el sábado por la noche durante casi dos horas en un teatro Victoria, que estuvo al borde de llenarse: era el homenaje de la ciudad a una ciudadana que hizo cosas por Talavera.
Sólo que, como dijo el poeta y director del OAL de Cultura, Francisco Castaño, que ejerció de presentador del acto, desde el grupo «Ellas cuentan» que abrió el homenaje, a las autoridades que lo cerraron, todos cuantos intervinieron lo hicieron, al margen de oficios y circunstancias, a título de amigos. A todos ellos se sumó el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, del que se leyó una carta abierta dedicada a la homenajeada, en la que elogiaba su rigor profesional, su concepción de la vida y su legado: «Hiciste de la cultura una obra de arte y de vida». El alcalde, José Francisco Rivas, también se refirió, en el discurso que cerró el acto, a esa herencia: «Nos ha dejado probablemente la mejor herencia», dijo para recordar que hay un abismo entre el antes y el después de su paso por la Biblioteca José Hierro.
Ante su madre, su marido, Pedro, y sus dos hijos, sentados en la primera fila, fueron desfilando las integrantes de «Ellas cuentan», el grupo del que formó parte Mariví Fernández; Gemma García, bibliotecaria de Nogués, con la que compartió travesía hacia su profesión; Carmina Pazos, usuaria de la ‘José Hierro’, que habló en nombre de los exitosos clubes de lectura; Lidia Yanel, presidenta de la Asociación de Periodistas de Talavera, que recordó la relación de cercanía y respeto que mantuvo con los medios locales; el librero Nazario García que rememoró afectos antiguos por «la hija del compañero librero, el señor Fernández» y su contribución para reinventar la Feria del Libro, antes de entregar a su marido un libro que ella no ha podido recoger, el último encargo.
Después de los amigos que hablaban por lo que representan, intervinieron más amigos y al frente de ellos Mercedes García. «Era humana, muy humana», dijo entre el mar de adjetivos que a lo largo del homenaje intentaron definir una personalidad arrolladora, reivindicativa, crítica, audaz, cariñosa, alegre, irónica... La amiga a secas despidió a una enamorada de la poesía y de la Generación del 27 con versos de Pedro Salinas:
«Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!»
Hubo también más versos, los que la han dedicado los poetas Joaquín Benito de Lucas, Antonio del Camino y Miguel Ángel Curiel, este último desde la distancia.
El retrato más cercano lo trazó su hermano Vicente, con el gesto generoso de compartir la intimidad familiar con un auditorio público: «Mis primeros y últimos recuerdos de ella están vinculados a los libros». «Mi recuerdo primero era una niña muy pequeña con un libro muy grande entre las manos» contó; «el último recuerdo es el de una mujer con un libro pequeño que no podía manejar porque la faltaban las fuerzas». En sostener ese libro, que habían escogido intencionadamente pequeño, se le fueron los últimos esfuerzos.
Además de su hermano, fue el director general de Patrimonio Cultural, Luis Martínez, quien definió en una sola anécdota la personalidad de Mariví Fernández. Recordó el día que se conocieron, él director general del Libro y ella responsable de la Biblioteca, y una pregunta que le hizo entonces: si pertenecía a la clase de responsables políticos que se dedican a tocar la flauta. «Cuando me acuerdo, me imagino a mí mismo tocando la flauta y me pongo enseguida a trabajar».
En nombre de los compañeros de la Biblioteca, la actual directora, Dori Manzano, aseguró el compromiso de mantener el impulso marcado por quien estuvo al frente desde su apertura, en el año 2002, mientras que en representación del Ayuntamiento tomaron la palabra el concejal de Cultura, Carlos Gil, y el alcalde, José Francisco Rivas.
Gil no quiso abstraerse de la amistad estrecha que mantuvieron, ni del afecto que profesaba hacia quien gustaba de llamar «mi directora favorita», y trazó el relato personal de una amistad que incluyó «cañas, cafés y algún que otro cubata». El alcalde, que entregó una placa de recuerdo al marido de la homenajeada, eligió la pasión, su alegría, el entusiasmo y la iniciativa como cualidades para guardar en la memoria. Para tantos amigos, muchos emocionados a lo largo de la noche, dejó una frase de consuelo: «La muerte no nos roba a las personas especiales, las inmortaliza».
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