Los resultados obtenidos en el primer trimestre de la temporada de terrazas denotan la caída en beneficios del sector hostelero que califica de «lamentable» el arranque de la temporada iniciada el pasado mes de abril.
Entre los espacios de la ciudad donde proliferan este tipo de lugares de esparcimiento se encuentran los Jardines del Prado, donde la heladería La Ibense y la cafetería El Templo del Café se convierten en el destino escogido por parte de los ciudadanos para pasar las noches de verano. José Luis Fernández, uno de los camareros de El Templo, señaló a este medio que el arranque de la temporada se ha realizado «muchos más pausado que en ediciones anteriores». Asimismo, Fernández explicó que entre semana el público que accede a la cafetería es minoritario y consume menos.
No sólo los Jardines del Prado congregan terrazas de verano, el mayor grueso de terrazas en la ciudad se encuentra en el eje formado entre la avenida de la Constitución y la avenida de Madrid. En esta zona, la imagen de mesas y sillas vacías resume por sí sola el estado al que se enfrentan los empresarios esta temporada.
El gerente de La Vinoteca, Javier Morales, explicó a La Tribuna que la situación no es nueva, «desde hace unos cuatro años el negocio ya no es lo que era». Además, Morales señaló que hasta mayo «no ha empezado el movimiento, los fines de semana, que es cuando hacemos algo».
De otro lado, José Manuel Escobar, dueño de La Cañita, explicó a este diario que la temporada se encuentra más parada a diario, «aunque las noches de los fines de semana se mantienen más o menos con normalidad». Como Escobar, Jorge de las Heras, camarero de La Fakultad, indicó que la crisis ha llegado a las terrazas de verano. Así, señaló que entre semana y a mediodía el público es escaso, situación que difiere a la de los fines de semana «cuando verdaderamente podemos decir que tenemos trabajo».
La temporada que finalizará a finales de septiembre se encuentra sometida a un riguroso control policial para el cumplimiento del horario establecido por la normativa municipal vigente y evitar las quejas y molestias de los vecinos residentes en las zonas de ocio de la ciudad.
La hora de cierre, estipulada a las doce y media entre semana y dos de la madrugada los fines de semana, se controla con patrullas encargadas que acuden alternativamente a las horas de cierre para que se lleve a cabo su cumplimento, como corroboraron a este medio los empresarios hosteleros entrevistados.
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