Se había dicho de antemano y ayer se confirmó. El 20 de junio de 2009 se recordará, quedará como un símbolo. De la manifestación de ayer llamaban la atención el poco ruido que se hacía por las calles y el paso ligero de los participantes. Pero, más que nada, resultaba llamativo el protagonismo ciudadano muy por encima del que se concedió a los políticos. Es raro que se concentren en Talavera tantos representantes de instituciones de la región y, más todavía, que lo hagan en mangas de camisa. Así pasearon ayer por el corazón de la ciudad, entre un mar de gente, con el presidente, José María Barreda, y una representación de su gobierno, a la cabeza.
Dos pancartas idénticas, pero separadas, con el lema de la manifestación -«Por nuestros ríos, por nuestro futuro»- encabezaban la marcha. Por delante, los colectivos e instituciones que forman parte de la Plataforma de la que ha nacido el movimiento reivindicativo marchaban sin apreturas. El alcalde de Talavera, José Francisco Rivas, y el presidente del Partido Popular, Gonzalo Lago, ocuparon su puesto en la primera línea. Detrás, a considerable distancia una segunda cabecera, mucho más disputada, con el presidente regional caminando entre su esposa, la diputada en el Congreso Clementina Díez de Baldeón, y, a ratos, el presidente de las Cortes, Francisco Pardo, algún dirigente del PP, o el coordinador regional de Izquierda Unida, Daniel Martínez.
Entre un silencio extraño y un sol impenitente, los políticos tuvieron que resignarse al papel que durante largos meses de solitario trabajo ciudadano a contracorriente se habían ganado: la segunda fila. Una circunstancia más que convierte la manifestación del 20-J en un acontecimiento singular.
Unidad política. La cesión de protagonismo, tan poco frecuente entre los políticos aunque no fuera por elección propia, resultó tan inusual como la imagen de unidad. Que una misma pancarta reúna a representantes de PSOE, PP e IU, a sindicatos y empresarios, a ecologistas y organizaciones agrarias, puede considerarse también un hecho casi histórico.
Ayer en Talavera se consiguió la foto de la unidad de los partidos en torno al agua, la misma que con las mismas siglas han venido ofreciendo en manifestaciones como la del mes de marzo en Murcia, para defender con uñas y dientes el trasvase y también para atacar el Estatuto de Autonomía de Castilla-La Mancha. El respaldo de la ciudadanía y la implicación activa de casi trescientas organizaciones de muy diversa índole convierten el 20-J en un hecho histórico para la región y para la cuenca del Tajo.
En una jornada particular, la otra nota discordante del juego de las diferencias que ayer se estableció sobre el escenario de Talavera fue el rotundo protagonismo de dos ciudadanos de a pie. Los dos portavoces de la Plataforma en defensa del Tajo y el Alberche, Miguel Ángel Sánchez y Miguel Méndez, que acabaron bañándose mutuamente con una garrafa de agua transparente de la que corre por el canal del trasvase directa al Levante. La llegada de la manifestación a los jardines del Prado fue saludada con un expresivo «vivan los Migueles» y un aplauso, que ha sido su compensación por meses de desvelos, trabajo casi siempre en solitario y, a menudo, incomprensión. Esa y el triunfo que se ha logrado para los ríos y sobre todo para el Tajo, que era su única causa, convertida ahora en causa de todos.
Lo resumía José Francisco Rivas después de que acabara la manifestación: «Tenía que ser aquí». Seguramente, sólo podía ser aquí. En Talavera.
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