Algunas personas identifican estas fechas con el recogimiento y aprovechan para estar con sus seres queridos y celebran con mesura la entrada y salida del año. Sin embargo, en otros casos, se desea que el calendario se dé prisa en llegar al 24 de diciembre para comenzar a desparramar. No hay control en lo que se come y mucho menos en lo que se bebe. La Navidad es la excusa perfecta para agarrar melopeas que quitan el hipo, aunque en la mayoría de los casos se disculpan con eso de que: «una vez al año no hace daño». Sin embargo, la fiesta no llevada con cabeza puede hacer que las risas se tornen llantos.
Si hay un colectivo que desea que lleguen estas fechas son los estudiantes de los institutos, que una vez que terminan las clases salen a los bares y discotecas a celebrar que estrenan una vez más las vacaciones de Navidad. Cuando acaban de comer se reúnen en la zona de Villa Justina, donde ayer había miles de chicos, muchos menores que bebían para integrarse en una masa donde el alcohol era el gran protagonista.
Unas jóvenes con una chispa que hacía que no se borrase la sonrisas de sus bocas contaban que les habían quedado 5 y 7 asignaturas, aunque no parecía importarles demasiado, ya que brindaban con vasos de plástico el escaso rendimiento que habían conseguido en lo que va de curso. Eran menores de edad que acudirían a sus casas sobre las dos de la mañana. Las adolescentes habían comprado dos botellas de alcohol para compartir entre 11 personas, y dieron con relativa prontitud fin de ellas.
Sin embargo, las chicas contaban que no querían abandonar el lugar, y dado que conocían a buena parte de los estudiantes que se concentraban en Villa Justina, no dudaban en pedirles que les invitasen a algo de beber para prolongar la fiesta. Contaron que se acercaban al servicio de un restaurante cercano a la zona del botellón, pero mintieron porque acabaron haciendo sus necesidades en unas obras cercanas a las parcelas que a primera hora de la tarde estaban repletas de basuras.
El botellón se ha convertido en una práctica que fomenta las relaciones sociales. La mayoría de los chicos lucían modelos bastante desabrigados para las fechas en las que estamos, pero confesaban que aguantaban el frío porque el alcohol les da calor. Sostienen que en estas reuniones se suele ligar.
La mayoría de los jóvenes encuestados habían dicho a sus padres que salían a la fiesta de los institutos, aunque habían omitido que estarían al raso haciendo botellón. Unos grupos se habían decantado por primeras marcas de ron o de whisky, mientras que otros se unían a la fiesta con un vino de dudoso sabor y calidad. Sin duda, lo peor, era el ruido de los choches y motos que derrapaban.
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