Como cada 8 de septiembre los talaveranos salen a la calle. Ayer era una jornada de fiesta y se notaba en los Jardines del Prado. Cientos de ciudadanos recorrían su paseo para llegar a la Basílica donde tuvo lugar la misa con la que se venera a la Virgen del Prado en su día. La devoción y el cariño que los talaveranos procesan a su patrona era palpable: muchos lucían orgullosos la medalla de la hermandad y otros se mostraban ataviados con sus mejores galas para recibir su bendición anual.
Fuera de la Basílica, el sol resplandecía y quienes no habían encontrado hueco buscaban una sombra donde cobijarse para seguir la multitudinaria misa. Dentro, los abanicos alteraban un silencio que sólo los más pequeños se atrevían a romper. A las 11:05 horas daba comienzo el acto religioso principal presidido por el obispo auxiliar, Carmelo Borobia, que estuvo acompañado por más de una veintena de sacerdotes, diáconos y monaguillos. Junto al resto de feligreses y, siguiendo atentamente la ceremonia, se encontraban el alcalde de la ciudad, José Francisco Rivas; el subdelegado del Gobierno en la provincia, Javier Corrochano; el presidente de la Hermandad de la Virgen del Prado, Ceferino León; la senadora Carmen Riolobos y un nutrido grupo de representantes del ámbito político y social de la ciudad.
Las pantallas distribuidas por el templo hacían posible que muchos fieles que permanecían de pie siguieran la misa de cerca. Las palabras de Borobia se colaban por todos los rincones de la Basílica. El obispo auxiliar hizo un llamamiento a la paz y recordó a los que ya no están. «Por los días de nuestra vida han pasado vicisitudes, hemos vivido momentos de tristeza, de sufrimiento y de dolor pero también de gozo por vivir y estar en compañía de Cristo», declaró Borobia, que subrayó que «ser cristianos no es sólo cumplir, sino también vivir la agonía de los hijos y las hijas de la comunidad que trabajan por la paz; desde aquí recordamos a los hermanos que hoy no están y un día celebraron la Virgen del Prado».
Una patrona que lucía esplendorosa en su altar repleto de flores blancas. Los acordes del órgano acompañaban suaves y sigilosas a la coral que acompañó con sus cánticos a todos los presentes en esta misa. Tras la Eucaristía, el vicario de la Basílica, Felipe García quiso mostrar su sentimiento de gratitud hacia la Virgen del Prado y hacia numerosas personas que trabajan para mantener viva la devoción y la tradición de la fiesta. «Quiero dar las gracias a nuestra patrona, pero también a todas las personas que durante el año se encargan del cuidado de la Basílica», afirmó el vicario, quien expresó su alegría por contar con la presencia del obispo auxiliar y del recién nombrado delegado del clero, Miguel Sánchez Torrejón, que durante años realizó las tareas de rector del Seminario Mayor. «Don Miguel ha tardado 8 años en responder a nuestra invitación de acudir a esta fiesta, pero nos sentimos encantados de su respuesta, le damos las gracias por su servicio sacrificado en el seminario y deseamos que la Virgen del Prado le acompañe en su nueva tarea», declaró el vicario. García también tuvo un recuerdo especial hacia otros sacerdotes, alguno de ellos ya fallecido. «Quiero tener un recuerdo especial con don Antonio Sainz Pardo por su tarea de humildad y servicio callado y pedir por su eterno descanso», comentó el vicario.
Pocos minutos antes del final de este acto religioso los fieles inclinaron sus cabezas para recibir la bendición y entonaron un sentido himno a la Virgen del Prado. Más tarde todos aclamaron vítores en su honor y aplaudieron a su patrona a la que homenajean durante estos días.
Después de la ceremonia religiosa, que duró poco más de una hora, los ciudadanos se congregaron a las puertas de la Basílica donde pudieron disfrutar de un aperitivo.
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