"Para mí lo más fácil sería dar un portazo y pirarme, pero hay que tener un poquito de vergüenza torera; evidentemente, que mi primo sea el presidente, influye muchísimo y, sobre todo, ver a mis jugadores hacer lo que hacen, pues aquí a morir con ellos, está claro». En estos términos se expresó el entrenador de la UD Talavera, Javier Rosado, tras el encuentro contra el Azuqueca; y es que durante el choque, según relató el técnico, un aficionado le acusó de que «también me iba a cargar el equipo juvenil». Hay que resaltar que el preparador se ha visto obligado a convocar a jugadores del conjunto de Liga Nacional debido a la marcha de siete futbolistas de la primera plantilla, los tres últimos la semana pasada.
No lo considera justo, sobre todo, con todo lo que está viviendo la escuadra azulona: «Que a estas alturas de la película, con las que me estoy comiendo y con la cara que estoy dando, todavía me quieran acusar también de que me voy a cargar al equipo juvenil, me parece de chiste». Pero asegura que todo tiene un límite y más «cuando me doy la vuelta y ya nadie dice nada; entonces, no tendrá la conciencia muy tranquila quien lo dice. Esto no es un circo, en el que nosotros nos ponemos ahí y aquí se nos puede decir cualquier barbaridad y cualquier gilipollez».
Apostilló que «buscan la manera, no de hacer daño, porque encima lo dicen y los de al lado son tan tontos que se ríen». Pide que alguien se ponga en su situación: «Llevo trabajando desde mayo sin parar, que terminé una temporada y empecé la siguiente a reglón seguido y he cobrado lo mismo que mis jugadores y aquí estamos todos los días como campeones».
Por otro lado, se refirió también a su enfrentamiento con el futbolista del Azuqueca Pancorbo al final del choque: «Cuando íbamos a sacar de banda, le dije a un jugador de ellos, competirla que no la echamos fuera, díselo a tus compañeros y vino Pancorbo, como es muy grande, que le sentó mal. Es todo absurdo, sobre todo, lo es más cuando después del partido todavía viene otra vez a hacer el bobo. Y, además, no le conozco, pero sé por gente que le conoce que es un chaval encantador».
Sobre el partido, reconoció que en el primer tiempo su equipo estuvo «por debajo de su nivel, agarrotado con balón y desorientado»; mientras que «defensivamente estuvimos correctos». Ahora bien, sobre los dos penaltis en un minuto que el colegiado señaló en contra, afirmó: «Aparte de si son o no, también nos tenemos que hacer mirar, como les dije en el descanso, cómo nos pueden entrar dos jugadores en al área conduciendo desde lejos». Y resaltó un hecho como es que «nos pitan todos los penaltis, llevamos una barbaridad».
La escuadra azulona se transformó en el segundo tiempo y la clave fue la indicación de Rosado a sus hombres: «Les dije que nos teníamos que soltar más, que ése era el quid de la cuestión». Y tras la expulsión de Roberto López, considera que «tocaron entre ellos a rebato»; las ocasiones unionistas, incluida una pena máxima, se sucedieron, pero «no estaba de Dios». Precisó, además, que «el campo no corre, ni mucho menos, a favor nuestro porque el balón bota fatal y nos cuesta muchísimo, pero tampoco hay que quejarse y buscar la manera». Y es indiscutible que ante el Azuqueca «lo hemos dado todo, nadie nos puede pedir nada». Su escuadra luchará por la permanencia en la categoría en los 14 partidos que restan del Campeonato y, para ello, «no es una excusa que seamos pocos».
Por otro lado, el juvenil Rubén Ruiz, que saltó al campo en el descanso, tuvo que ser sustituido en el 63 porque «le entraron unas ganas tremendas de vomitar , se ha mareado muchísimo, empezó a tener un sudor muy frío y el chico no podía seguir. Le dije que aguantase un ratito más, pero cuando se acercó a mí y le toqué, tenía un sudor frío tremendo y, encima, estábamos con diez; el chico vomitó un poquito en el banquillo. No sé si tuvo un corte de digestión o por los mismos nervios».
Entró Pinilla, recuperándose de una lesión en un tobillo, ya que el técnico le incluyó el viernes en la convocatoria, «por necesidades del guión y solo iba en una situación límite»; finalmente, tuvo que participar, con lo que «tenemos uno más para la causa».